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¡Hola Pepa! Pues la verdad es que muy bien, el verano entre descanso y trabajo, la verdad es que al final no hemos parado. Efectivamente empezamos nueva temporada hablando de un tema que -por sorprendente que parezca- nunca habíamos tocado, los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria).
La anorexia nerviosa, a menudo simplemente denominada «anorexia», es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por el peso corporal anormalmente bajo, el temor intenso a aumentar de peso y la percepción distorsionada del peso. Para las personas con anorexia, es muy importante controlar su peso y su figura corporal, y hacen todo tipo de sacrificios que suelen interferir en su vida de forma significativa.
La prevalencia de la anorexia nerviosa se ha estimado entre un 0,5 y 3% del grupo de adolescentes y mujeres jóvenes. Estas cifras aumentan al doble cuando se incluyen adolescentes "sanas" con conductas alimentarias anormales o con una preocupación anormal sobre el peso corporal. Las bailarinas, las atletas y las gimnastas constituyen además, un grupo de alto riesgo para desarrollar la enfermedad. Cabe señalar que también hay hombres que la padecen, pero debido a causas culturales no terminan pidiendo ayuda o se ve “diferente”.
Como en la mayoría de los casos Pepa, el trastorno es multifactorial, tenemos por un lado factores de personalidad: se observa que la tendencia al perfeccionismo, la baja autoestima y personalidad obsesiva son factores predisponentes para este trastorno. Además, existen otros factores también muy importante como la cultura familiar alrededor de la comida, los comentarios que pueda recibir la persona, así como también causas genéticas y/o biológicas.
La mayoría de los casos -y al tener una mayor prevalencia en adolescencia y adultos jóvenes- es cierto que la familia también padece de manera colateral este tipo de trastornos, es más, en la mayoría de las ocasiones, son una parte fundamental de la terapia (en los próximos programas daremos algunas pautas).
Es importante no jugar con este tipo de trastornos, y no intentar “autocurarse”. Buscar ayuda profesional es prioritario y fundamental, pues la cuestión va mucho más allá de “no querer comer”. En cuanto empezamos a rascar, se descubren cuestiones emocionales y de autoconcepto que son muy profundas y que deben tratarse de la manera adecuada. Acudir a terapia y también -para los padres-, permanecer atentos ante las señales que puedan aparecer. Es muy importante el diálogo siempre. Ni catastrofizar ni minimizar.
Pues Pepa, podéis encontrarme en
By Vicente Seguí¡Hola Pepa! Pues la verdad es que muy bien, el verano entre descanso y trabajo, la verdad es que al final no hemos parado. Efectivamente empezamos nueva temporada hablando de un tema que -por sorprendente que parezca- nunca habíamos tocado, los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria).
La anorexia nerviosa, a menudo simplemente denominada «anorexia», es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por el peso corporal anormalmente bajo, el temor intenso a aumentar de peso y la percepción distorsionada del peso. Para las personas con anorexia, es muy importante controlar su peso y su figura corporal, y hacen todo tipo de sacrificios que suelen interferir en su vida de forma significativa.
La prevalencia de la anorexia nerviosa se ha estimado entre un 0,5 y 3% del grupo de adolescentes y mujeres jóvenes. Estas cifras aumentan al doble cuando se incluyen adolescentes "sanas" con conductas alimentarias anormales o con una preocupación anormal sobre el peso corporal. Las bailarinas, las atletas y las gimnastas constituyen además, un grupo de alto riesgo para desarrollar la enfermedad. Cabe señalar que también hay hombres que la padecen, pero debido a causas culturales no terminan pidiendo ayuda o se ve “diferente”.
Como en la mayoría de los casos Pepa, el trastorno es multifactorial, tenemos por un lado factores de personalidad: se observa que la tendencia al perfeccionismo, la baja autoestima y personalidad obsesiva son factores predisponentes para este trastorno. Además, existen otros factores también muy importante como la cultura familiar alrededor de la comida, los comentarios que pueda recibir la persona, así como también causas genéticas y/o biológicas.
La mayoría de los casos -y al tener una mayor prevalencia en adolescencia y adultos jóvenes- es cierto que la familia también padece de manera colateral este tipo de trastornos, es más, en la mayoría de las ocasiones, son una parte fundamental de la terapia (en los próximos programas daremos algunas pautas).
Es importante no jugar con este tipo de trastornos, y no intentar “autocurarse”. Buscar ayuda profesional es prioritario y fundamental, pues la cuestión va mucho más allá de “no querer comer”. En cuanto empezamos a rascar, se descubren cuestiones emocionales y de autoconcepto que son muy profundas y que deben tratarse de la manera adecuada. Acudir a terapia y también -para los padres-, permanecer atentos ante las señales que puedan aparecer. Es muy importante el diálogo siempre. Ni catastrofizar ni minimizar.
Pues Pepa, podéis encontrarme en