Para poder recibir el agua que sacie nuestra sed, debemos primero cumplir el anhelo ardiente (la sed) de nuestro Señor de vernos sedientos y dispuestos a escuchar su Palabra.
Para poder recibir el agua que sacie nuestra sed, debemos primero cumplir el anhelo ardiente (la sed) de nuestro Señor de vernos sedientos y dispuestos a escuchar su Palabra.