A la Celestial Madre María
En el silencio de mi corazón
En el silencio de Mi Corazón hay Adoración por Ti, Madre del Celeste Amor.
Hay un canto infinito de ternura filial.
Allí está el Fuego del Amor de Dios.
A Ti, Madre de Misericordia.
A Ti, Madre del Amor, el mayor de todos los amores.
A Ti, Luz de la Divina Misericordia.
A ti, Inmaculada Belleza de Aquel que te coronó Reina y Madre de la Humanidad.
A ti mi Espíritu se postra en devoción y en oración.
Apóyame, Dulcísima Madre, apóyame con tu Amor Celestial y Misericordioso.
Mi cruz es pesada, pero Tu Amorosa Presencia hace que el peso sea nulo y sin valor.
Tu Gracia me sea concedida por el amor de tu Hijo a quien amé y serví, a quien amo y sirvo para la Excelsa Gloria del Padre.
Tu hijo, en el tiempo.
Eugenio
Nicolosi, 11 de septiembre de 1977, 10.00 horas
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