Sor María en el momento de la comunión de la Octava de los Magos tiene una visión donde se ve ante el Trono de la Gracia y en compañía de la Virgen que la viste de blanco. La Trinidad le recuerda el origen y la fundación del monasterio y le hace ver con una metáfora los peligros que ahora sufre como si fuera un barco que parece irse a pique.