Roma, Historia Eterna

A017 Roma, Historia Eterna - República III (271-279 a.u.c)


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ROMA
Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
Etapa de 482 antes de Cristo o 271 ab urbe condita,
Al 474 antes de Cristo o 279 ab urbe condita.
La República aristocrática y
La República oligárquica
De las luchas sociales y la política exterior.
482 antes de Cristo o 271 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Cayo Julio Julo y Quinto Fabio Vibulano, por 2ª vez.
Durante este año, las contiendas sociales continuaron tan vivas como siempre, y la guerra se recrudeció.
Los ecuos tomaron las armas, y los veyentinos invadieron el territorio romano.
Cabe reseñar que la ciudad de Veyes, una ciudad etrusca poderosa, situada estratégicamente a orillas del Tíber, dominaba la famosa Vía Salaria y por tanto el comercio de la sal.
Los veyentinos representaban ser adversarios económicos y territoriales respecto a Roma, que ansiaba conquistar el enclave de Fidenas, a orillas del Tíber, en posesión de Veyes, para hacerse con el mencionado negocio de la sal.
Cartago y Etruria.
Con Cartago, una vez abatida y humillada, el imperio marítimo de los etruscos, sus aliados, se derrumbó. Ya Anaxilas, tirano de Rhegiun y de Zancle (después Mesina), limpió de corsarios el estrecho de Sicilia y colocado allí una armada permanente hacia este año: 482 antes de Cristo o 271 ab urbe condita.
481 antes de Cristo o 272 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Espurio Furio Medulino Fuso y Cesón Fabio Vibulano, por 2ª vez.
La guerra sembró una creciente incertidumbre.
Los ecuos atacaron Ortona, una ciudad latina mientras que los veyentinos, dueños del botín, amenazaron ahora con asaltar la propia Roma.
La noticia de un ataque a Roma no calmó los ánimos de la plebe sino que propició la vuelta del rechazo a prestar el servicio militar, a pesar de la inminente llegada del ejército enemigo.
El autor de este plante plebeyo fue auspiciado por Espurio Licinio, uno de sus tribunos, creyendo así que obligaría al Senado a cumplir los preceptos de la Ley Agraria Casiana.
La torpe idea del tribuno le atrajo la animadversión de la plebe, por el mal uso de su magistratura, y provocó el efecto contrario, induciendo a sus otros colegas en el cargo a aliarse con los cónsules para proceder al alistamiento.
El ejército fue dividido en dos frentes uno mandó el cónsul Cesón Fabio Vibulano para combatir a los veyentinos y otro el otro cónsul Espurio Furio Medulino Fuso para hacer frente a los ecuos.
Cesón Fabio Vibulano usó solo la caballería para embestir al enemigo, derrotándolo.
El enconado odio del ejército romano hacia su comandante rozó la traición.
La infantería hizo caso omiso a las órdenes del cónsul y no persiguió a las huestes veyentinas. El azar favoreció a los romanos, porque, los veyentinos, que pudieron reorganizarse, se habían puesto en fuga, y no se habían percatado de que la infantería romana no les acosaba.
Una vez en el campamento, los infantes del ejército romano maldijeron a su jefe por haberles privado del protagonismo que siempre hacían gala en una batalla: romper las filas del adversario.
Durante el desarrollo de una batalla, la infantería ponía en desbandada al enemigo y la caballería le perseguía, pero el cónsul invirtió la forma de obrar (modus operandi).
La humillación del cónsul referido dañó su reputación militar, que el resentimiento declarado por sus soldados había menguado.
480 antes de Cristo o 273 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Cneo Manlio Cincinato y Marco Fabio Vibulano, por 2ª vez, que luchó contra la ciudad de Veyes.
El Senado favoreció nuevamente a la gens de los Fabios, elevando a uno de sus miembros al consulado.
Uno de los dos cónsules fue libremente designado por el pueblo.
El reivindicativo proceder de la plebe por ver hecha realidad la ejecución de la Ley Agraria Casiana otorgó al tribuno de la plebe Tiberio Pontificio dirigir las protestas. Actuó, pretendiendo que fuese efectivo este procedimiento, como hizo Espurio Licinio, obstaculizando y retrasando el reclutamiento de ciudadanos.
Apio Claudio tranquilizó a los miembros senatoriales, confirmando que siempre habría algún tribuno de la plebe que, para triunfar sobre su colega, se aseguraría la protección del mejor benefactor: en este caso la República y el Senado.
Los senadores optaron por estimar a los tribunos de la plebe y los de rango consular por atender cada demanda para que éstos ejercieran en beneficio del Estado.
Gracias a la oposición de cuatro tribunos de la plebe sobre el que obstaculizaba el bien público, lograron llevar a cabo el alistamiento con el apoyo de los cónsules.
Conocido por los jefes enemigos que el Estado romano estaba dividido en dos sectores, cada uno sostenido con sus propios magistrados y con sus propias leyes, las asambleas de las ciudades de Etruria difundieron estas noticias, puesto que se tenía constancia de que este desgobierno ya había llevado a la tumba a grandes imperios.
Las actitudes de desobediencia de los soldados romanos, hacia sus mandos militares en la última guerra, dieron nuevas fuerzas a tropas etruscas.
Los veyentinos y los etruscos trataron, por todos los medios, de forzar la batalla, que los propios cónsules rehuyeron, porque, entre la tropa, estaban aún exaltados los fanatismos, las pasiones y los ánimos. Se burlaron e insultaron al ejército romano y propagaron, con el fin de incitar a disputas internas, que los comandantes romanos desconfiaban y dudaban de la lealtad de sus soldados.
El silencio y la inactividad entre los hombres romanos alistados dibujaron un panorama de un nuevo modo de sedición.
Una vez que el odio hacia el enemigo superó al de sus compatriotas, y, después de solicitar el juramento de cada uno de los soldados romanos, los cónsules, Cneo Manlio Cincinato y Marco Fabio Vibulano, dieron la señal para tomar las armas y entrar en acción.
Las legiones de los veyentinos y de los etruscos no rechazaron el combate, pero los etruscos apenas habían tenido tiempo para formar sus filas, y recibieron una lluvia de jabalinas y entraron en batalla cuerpo a cuerpo con las espadas. Masacrados y dispersados en todas direcciones, la batalla resultó ser una victoria gloriosa, aunque a la vez amarga por la muerte del cónsul Cneo Manlio Cincinato y el hermano del otro cónsul, llamado Quinto Fabio Vibulano, que había sido también anteriormente cónsul.
El cónsul superviviente rechazó la celebración del triunfo y se ciñó a reconciliarse con la plebe, distribuyendo entre los acomodados patricios el ciudad de los heridos y haciéndose cargo del mayor número de afectados su propia familia.
La popularidad le volvió a sonreír al cónsul, ganada por métodos que no eran incompatibles con el bienestar del Estado.
Grecia.
Mediante la batalla de Salamina (480 antes de Cristo o 273 ab urbe condita), Grecia fue salvada y vengada.
Sicilia.
La ciudad de Himera, situada en Sicilia, gobernada por el tirano Terilos, sostuvo una enconada resistencia para no ser anexionada.
Therón de Agrigento ocupó militarmente la ciudad de Himera, luego, expulsó al mencionado tirano, que solicitó el auxilio de los púnicos que, a partir de entonces, intervinieron en la política interna de los griegos de Sicilia.
Los soberanos de Siracusa y de Agrigento (Akragas), Gelón y Therón, destruyeron a la inmensa armada de Amílcar, hijo de Magón, cerca de la ciudad de Himera, finalizando la guerra.
Sin embargo, la victoria de los griegos siracusanos no consiguió expulsar a los púnicos de Sicilia, cuyo fin fue mantener en la isla bases militares para que el estado africano jugara un papel importante en la política mediterránea.
Los púnicos, tras el revés, no obstante, practicaron entonces una política puramente defensiva.
479 antes de Cristo o 274 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Tito Verginio Tricosto Rutilo y Cesón Fabio Vibulano, por 3ª vez.
La elección de los cónsules fue bien recibida tanto por la plebe como por los patricios.
Cesón Fabio Vibulano subordinó todos los proyectos militares a la tarea unir a patricios y plebeyos. Aconsejó a los miembros del Senado, que se anticiparan a cualquier propuesta proveniente de algún tribuno de la plebe acerca de la Ley Agraria Casiana, para tomarla bajo control, y que distribuyeran las tierras conquistadas en la guerra entre los plebeyos, tan justamente como fuese posible.
Entendió por justo que los plebeyos fuesen premiados con el reparto, que sin duda habían ganado con sudor y sangre.
El consejo fue desechado por parte de los patricios.
Cesón Fabio Vibulano paró las incursiones de los ecuos en territorios latinos y los alejó hasta sus ciudades.
El otro cónsul sufrió una derrota a manos de los veyentinos, y sólo la llegada de Cesón Fabio Vibulano, con refuerzos, salvó al ejército de la destrucción.
A partir de ese momento no hubo ni paz ni guerra con los veyentinos, que, sabiendo que los romanos volvían a Roma, iniciaban correrías por los campos, denegando la posible paz.
Como los veyentinos ocasionaban más molestias que alarmas, el propio cónsul, Cesón Fabio Vibulano, manifestó al Senado que su familia, para someter a esos enemigos, cargaría bajo sus espaldas con el coste de la formación de un ejército, liberando de tal gasto al Estado. Marchó con los reclutados hasta las orillas del Crémera. Este lugar le pareció adecuado para construir una fortaleza que le sirviera de reducto.
478 antes de Cristo o 275 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Cayo Servilio Estructo Ahala, que fue sustituido por Cayo Cornelio Léntulo como cónsul sufecto y, éste, a su vez, por Opiter Verginio Tricosto Esquilino también como cónsul sufecto, y Lucio Emilio Mamerco, por 2ª vez.
Los veyentinos, después de reunir un ejército de Etruria, asaltaron el puesto fortificado en el Crémera, defendido por el ex cónsul Cesón Fabio Vibulano.
El cónsul, Lucio Emilio Mamerco, comandó las legiones que desmantelaron las fuerzas etruscas de los veyentinos, que pidieron la paz.
Una vez que la guarnición de los romanos perdió y abandonó el fuerte en el Crémera, rechazó la paz.
Los conflictos entre los Fabios y Veyes se reanudaron.
477 antes de Cristo o 276 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Cayo Horacio Pulvilo y Tito Menenio Lanato.
Fue en vano el sacrificio de los 306 Fabios, aniquilados a orillas del río Crémera, en su intento por mantener el fuerte, construido con la intención de aislar a la ciudad de Fidenas, enclave estratégico ubicado en la orilla del Tíber, de la ciudad de Veyes.
Un solo joven inmaduro de los Fabios sobrevivió al desastre, pero, con los años, se convirtió en el mayor auxilio de Roma en sus momentos de peligro, tanto exterior como interior.
El modus operandi de estos antiguos ejércitos nos muestra los primeros tiempos de la República y las reminiscencias patricias de estas formaciones, atadas fuertemente a un gentilicio.
Roma fracasó en su intento de romper la cabeza de puente de Veyes en la orilla del río Crémera.
Por otra parte, el cónsul, Tito Menenio Lanato, fue inmediatamente enviado contra los etruscos y el otro, Cayo Horacio Pulvilo, contra los volscos.
El enemigo se apoderó del Janículo.
El cónsul, Cayo Horacio Pulvilo, regresó de la Toscana e impidió la invasión de la ciudad de Roma, enfrentándose, primeramente, a los incursores cerca del templo de Spes, diosa de la esperanza, y, luego, en la puerta Colina.
Tras este leve triunfo los legionarios recobraron la confianza tanto en la valentía como en la destreza militar.
476 antes de Cristo o 277 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Espurio Servilio Prisco Estructo y Aulo Verginio Tricosto Rutilo.
Desde el Janículo y desde la ciudadela, los veyentinos, en vez de combatir, se dedicaron a hacer correrías por el territorio romano.
Atacaron el campamento del cónsul Espurio Servilio Prisco Estructo, cruzando el Tíber, aprovechando la oscuridad de la noche, pero debieron regresar dificultosamente al Janículo.
El mismo cónsul les persiguió, pero falló su estrategia, y, gracias al auxilio del otro cónsul, Aulo Verginio Tricosto Rutilo, salvó al ejército.
Los etruscos quedaron atrapados entre los dos ejércitos, y, a pesar de que procedieron a una retirada controlada, fueron aniquilados.
Así la Guerra Veyentina acabó repentinamente.
La paz propició que llegara grano de Campania.
Los problemas sociales internos resurgieron, cuando los tribunos de la plebe, valiéndose de la Ley Agraria Casiana, lanzaron a los plebeyos contra los senadores, que continuaban oponiéndose a implantarla.
Los tribunos de la plebe, Quinto Considio y Tito Genucio, que respaldaban la ley frumentaria, acusaron al ex cónsul Tito Menenio Lanato, hijo de Agripa Menenio Latano, el antiguo conciliador, aceptado tanto por la plebe como por el patriciado, para acordar soluciones al enfrentamiento habido entre ambas partes, como el culpable de la pérdida de la fortaleza del río Crémera, porque no la auxilió como cónsul, a pesar de que su campamento militar estaba situado muy cerca de ella.
La multa impuesta fue tan elevada que la valoró como una sentencia a muerte e, incapaz de soportar la vergüenza, enfermó y falleció.
475 antes de Cristo o 278 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Cayo Naucio Rutilo y Publio Valerio Publícola.
El ex cónsul, Espurio Servilio Prisco Estructo, inmediatamente después de cesar en su cargo, fue acusado por los tribunos de la plebe, Lucio Cecidio y Tito Estacio, y, por consiguiente, además, procesado.
La acusación se fundamentó en el comportamiento que manifestó en la antigua batalla del Janículo, contra los veyentinos de Etruria.
En el juicio antepuso su inocencia e influencia personal al peligro que corría su vida.
Valiéndose del cambio del sentimiento popular, desconforme ahora con la sentencia dictada a Tito Menenio Lanato, reprobó a los tribunos de la plebe y a la plebe, a quienes tachó de crueles y vengativos. Argumentó que no habían agradecido al padre de éste, el ilustre Agripa Menenio Lanato, las magistraturas y las leyes otorgadas, que tantos privilegios les confirieron, tras encauzar el conflicto social entre plebeyos y patricios, (recuérdese la huida de la plebe al Mons Sacer), sino que lo habían ignorado, tras permitir la pena de una multa, que no pudo pagar y que fue consumiéndole hasta arrastrarlo a la muerte.
Su colega en el cargo, el ex cónsul, Aulo Verginio Tricosto Rutilo, le ayudó en el juicio, presentándose como testigo, y alabó todos los servicios que prestó al Estado.
El tribunal finalmente lo absolvió.
Nuevamente la guerra contra los veyentinos, aliados con los sabinos, dio lugar a la creación de un ejército, conformado, además, por auxiliares latinos y hérnicos, y puesto al mando del cónsul Publio Valerio Publícola.
Atacó inmediatamente a los sabinos, a quienes masacró.
Los veyentinos dividieron su ejército: una parte auxilió a los sabinos y otra combatió a los romanos.
El cónsul maniobró con la caballería y puso en fuga al enemigo.
Por otra parte, los volscos y los ecuos invadieron el territorio latino, pero fueron detenidos por los propios latinos y hérnicos.
La actuación de estos aliados, atacando un ejército enemigo sin ningún general romano al mando, no fue aceptada, porque no era la costumbre.
En Roma esto no fue tolerado y el Senado envió al cónsul Cayo Naucio Rutilo.
Acto seguido, los volscos no se atrevieron a dar batalla
474 antes de Cristo o 279 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Lucio Furio Medulino y Aulo Manlio Vulsón.
Se concedió la ciudad y el territorio circundante de Veyes al cónsul Aulo Manlio Vulsón.
Previa petición veyentina, se acordó una tregua de cuarenta años, acompañada de las siguientes condiciones: pagar un tributo y abastecer de grano a la ciudad de Roma.
Terminó la primera guerra de Veyes (485 antes de Cristo o 268 ab urbe condita / 474 antes de Cristo o 279 ab urbe condita), que, increíblemente, favoreció a Veyes, porque mantuvo en su esfera de poder la ciudad de Fidenas, que obstaculizaba el comercio romano con Etruria.
Los tribunos de la plebe excitaron con exceso a la plebe, utilizando nuevamente la ley Agraria Casiana.
Los cónsules emplearon la violencia para preservar el orden.
Magna Grecia.
Cumas, situada al sur de Roma, en la costa del mar Tirreno, atacada por los etruscos y sus aliados cartagineses, protagonizó la nueva derrota etrusca-cartaginesa, inflingida por la flota del sucesor del tirano de Siracusa, Hierón.
El poderío naval etrusco sufrió un gran revés en la zona por parte de los griegos, sus adversarios comunes.
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Roma, Historia EternaBy franzogar