ROMA
Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
Etapa de 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita,
al 341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita.
La República oligárquica
De las luchas sociales y la política exterior.
343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Aulo Cornelio Coso Arvina y Marco Valerio Corvo, por 3ª vez.
Hechos destacados del año:
Cabe reseñar que los samnitas se instalaron en la región del Samnio aproximadamente unos cuarenta y siete años antes de la fundación de Roma.
Este pueblo permaneció en esta zona y durante un breve periodo de tiempo controló las dos costas de la península: adriática y tirrena.
Tras las guerras latinas, que otorgaron a la República de Roma el dominio de todo el territorio del Lacio, los samnitas se opusieron al creciente poder de esta peligrosa potencia emergente y se enfrentaron a ella en un conflicto conocido como las guerras samnitas, que fueron tres.
Estas guerras fueron célebres por las fuerzas enfrentadas, la duración de la contienda y el extenso territorio sobre el que discurrieron.
Los samnitas fueron un pueblo fuerte en recursos materiales y en poder militar.
La confederación samnita del Apenino pretendió extenderse por la fértil llanura campana.
Después de controlar Etruria, un adversario poderoso, la confederación samnita, quedó a los romanos..
Quince años atrás Roma formó un tratado con los samnitas que estableció el liderazgo romano sobre la Liga Latina, abortado ahora por unos intereses marítimos, de tipo económico que dieron al traste con el reciente acuerdo samnita-romano, que indirectamente condujo a la 1ª guerra samnita (del 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita al 341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita).
La guerra fue causada por un ataque sorpresa de los samnitas sobre los sidicinos de Cales, que pidieron ayuda a la ciudad más importante de la zona, Capua.
Los samnitas dejaron de atosigar a los sidicinos y se lanzaron contra los campanos de Capua, enemigos más fuertes y poderosos, a los que derrotaron y confinaron en esta ciudad.
Destrozado el ejército campano, los habitantes de Capua solicitaron el auxilio de Roma que les otorgó como consecuencia del tratado de alianza (foedus aequum) convenido, que establecía una relación de igualdad entre vencedor y vencido o una confederación, en la que desaparecen vencedores y vencidos, para hermanarse, tener una misma identidad unida y engrandecida por la alianza.
Así estalló la 1ª guerra samnita (del 343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita al 341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita), descrita de un modo muy poco preciso.
Roma empuñó las armas contra los samnitas, porque ambos pueblos compartieron el mismo interés por el dominio campano, desatándose inevitablemente las hostilidades entre ellos al prestar amparo a Capua por parte de los romanos.
La decisión del Senado romano de proteger a Capua conllevó el deseo de dominar Campania y de acceder a la Magna Grecia para extender sus réditos comerciales a esta zona alejada del Lacio.
Roma trató de superar su exclusiva economía agraria creando nuevas rutas que la aproximaran a fuentes de riqueza, sitas en las regiones del sur, basadas en el intercambio de mercancías.
La nación del Samnio, por estar situada más próxima a sus fronteras fue la más directamente expuesta a los golpes romanos.
Esta nación soportó las cargas más pesadas de la guerra en los largos combates que deberá librar por la libertad y la nacionalidad de los pueblos itálicos.
Los demás pueblos sabélicos, vestinos, frentanos, marrucinos y todas las pequeñas tribus rústicas, que moraban en sus ásperas montañas, no se mostraron sordos al llamamiento patriótico del pueblo hermano reclamando su ayuda y excitándolos a tomar las armas en defensa de unos intereses comunes.
El futuro control de Campania proporcionará a los romanos el acceso a la región, que abrirá el paso al valle medio del Liris, lugar ambicionado tanto por intereses romanos como samnitas.
Ratificada por el pueblo la declaración de guerra contra los samnitas, el Senado decretó que los cónsules iniciaran las maniobras militares, uno, Marco Valerio Corvo, destinado a Campania que acampó en el monte Gauro y otro, Aulo Cornelio Coso Arvina, enviado al propio Samnio, donde acampó en Satícula.
Viendo los samnitas los estandartes romanos clavados en el suelo blandir al son del viento en el campamento recientemente construido, demandaron a sus jefes entablar batalla para castigar la osadía romana al igual que los campanos la sufrieron por auxiliar a los sidicinos.
El cónsul Marco Valerio Corvo arengó a sus legionarios insuflándoles valor y recordándoles los logros militares del pueblo romano desde su fundación conseguidos contra las naciones sabina, etrusca, latina, hérnica, ecua, volsca y aurunca, sin olvidar a la aguerrida nación gala y sin subestimar el efecto de las dos victorias obtenidas por los samnitas a sidicinos y a campanos.
Logró que los hombres tuvieran presente confiar en su valor y reputación de guerreros y en él mismo, su general, que sabía manejar las armas, que ocuparía su lugar en la vanguardia y que cumpliría con su deber en el desorden del combate.
Los soldados idolatraron a su comandante en jefe no sólo por sus virtudes en el cumplimiento de sus obligaciones en el cargo sino por el digno trato dado incluso al más humilde de sus hombres.
Hasta ahora en ninguna batalla se luchó con fuerzas más igualadas, o esperanzas de victoria tan semejantes para ambas partes.
Cada bando no tuvo desprecio hacia su oponente, aunque se notó cierta inquietud ante el enfrentamiento con un enemigo nuevo y nunca antes combatido.
Ninguna línea de combate dio signo de ceder ni retroceder, a pesar de que la caballería romana cargó contra los enemigos sin penetrar parte alguna del frente de la lid.
Fracasada la carga de la caballería romana, el cónsul dirigió al centro de la pelea a la mayor parte de sus legionarios.
Después de provocar muchas pérdidas enemigas, la osadía del cónsul logró que los samnitas cedieran terreno y prepararan una rápida huida.
Tras caer la noche se vislumbró la victoria romana que dejó en el campo de batalla muchos muertos y bastantes prisioneros.
Los romanos nunca tuvieron que enfrentarse a tan obstinado ejército enemigo, cuyos miembros apresados dijeron que los ojos que parecían echar fuego y las caras y expresiones que evidenciaban locura de sus vencedores les produjo el terror que les llevó a la derrota y a la huida.
Al día siguiente, los romanos capturaron el campamento vacío de los samnitas y toda la población de Capua llegó hasta allí para honrarlos.
En cambio en el Samnio, el cónsul, Aulo Cornelio Coso Arvina, abandonó el campamento de Satícula y avanzó por un paso de montañas que conducía a un valle.
Los samnitas, apostados y ocultos en las laderas de las montañas, esperaron que la totalidad de la columna romana bajara al valle.
El desenlace para los romanos pudo ser fatal, pero un tribuno militar, de nombre Publio Decio Mus, que se dio cuenta de la estrategia enemiga, pidió al cónsul los hastados (hastati) y los príncipes (principes) de una legión, unos mil seiscientos hombres, para apoderarse de una altura que dominaba el camino por donde los samnitas pretendían atacarlos.
En dicha colina se mantuvo con los legionarios bajo su mando, a pesar de los esfuerzos de los samnitas para desalojarlos, mientras que el grueso del ejército romano pudo llegar a la cima de la montaña.
En la noche siguiente Publio Decio Mus y sus hombres se escabulleron a través de los samnitas que estaban acampados bastante cerca de éstos y lograron unirse a las tropas del cónsul romano.
Ahora Publio Decio Mus convenció al cónsul para hacer de inmediato un ataque sorpresa sobre el enemigo.
Los samnitas fueron dispersados por todas partes, la mayoría sin armas, sin poder tomarlas, formar unidades compactas o retirarse tras su empalizada.
El resultado fue una victoria brillante y la captura del campamento enemigo.
Luego el cónsul, Aulo Cornelio Coso Arvina, recompensó a Publio Decio Mus con una corona de oro, un centenar de bueyes, y un magnífico toro blanco de cuernos dorados; y los hombres que lo acompañaron en su heroicidad fueron premiados con doble ración permanente, y, además con un buey y dos túnicas para cada uno de ellos.
Después de los obsequios que el cónsul donó a Publio Decio Mus, los legionarios colocaron sobre la cabeza del tribuno militar una corona de hierba, símbolo de la más alta condecoración otorgada a un soldado por salvar a una legión completa y recibió otra corona similar entregada por los hombres que lideró.
Los samnitas no renunciaron a una tercera batalla que se dio en Suessula, situada entre Capua y Nola.
Avisado el cónsul del nuevo conflicto, dejó una pequeña fuerza que custodiara bagajes y el campamento, y se dirigió a marchas forzadas al encuentro del enemigo, construyendo un reducido campamento no lejos de los samnitas.
Hubo un intento por parte de los samnitas de asaltar el campamento romano, porque creyeron que las fuerzas contenidas en él serían muy escasas y fáciles de vencer, pero fueron detenidos por sus jefes que sospecharon de alguna estrategia por parte de los romanos.
Como los samnitas sumaban en demasía, y debido a la falta de acción en Suessula y a la demora en combatir, habían agotado prácticamente todos sus víveres.
Resueltos a remediar la escasez de alimentos y convencidos de que los romanos se mantendrían dentro de la empalizada de su campamento porque también carecían de grano, se decidieron a buscar forraje y comida.
Cuando el cónsul vio al enemigo esparcido por los campos y comprobó que en el campamento enemigo quedaban unos pocos hombres de servicio, embistió con su ejército el cuartel samnita, matando a la mayoría de los presentes, y ordenó tomar todos los estandartes del adversario.
La caballería romana se encargó de empujar a los dispersados enemigos por los campos hacia el lugar donde estaban apostadas las legiones romanas.
Hubo una atroz matanza.
Unos cuarenta mil escudos (muchos más que el número de muertos) y bastantes estandartes militares, incluyendo aquellos primeros capturados al asaltar el campamento samnita, hasta ciento setenta, fueron llevados ante el cónsul, Aulo Cornelio Coso Arvina.
El botín obtenido en la toma del campamento samnita fue entregado a los soldados.
El éxito romano en Campania y en el Samnio se divulgó por las ciudades amigas y enemigas de Roma.
Los faliscos permutaron la tregua de cuarenta años, concedida años atrás, por un tratado de paz permanente con Roma.
Los latinos cambiaron de planes y dirigieron sus fuerzas contra los pelignos.
Incluso los cartagineses enviaron una delegación para felicitar al Senado y hacerle entrega de una corona de oro cuyo peso sobrepasaba los ocho kilos.
Los cónsules, Aulo Cornelio Coso Arvina y Marco Valerio Corvo, celebraron un triunfo sobre los samnitas.
Los soldados aclamaron durante el recorrido de la procesión tanto a los cónsules como a la figura destacada de Publio Decio Mus, que portó y lució sus condecoraciones.
Posteriormente se acordó enviar y mantener una fuerza para invernar en las ciudades de Capua y de Suessula para actuar como barrera contra la nación samnita.
El acceso a toda clase de placeres en Capua a disposición de los soldados romanos enviados socavó la disciplina militar.
Cansados de guerrear, los legionarios de la guarnición empezaron a planear apoderarse de Capua porque prefirieron disfrutar de las tierras fértiles y de la mejor fortificación del territorio campano, antes que volver a bregar con el suelo árido y pestilente de Roma.
Esta conspiración, a pesar de que se estaba llevando a cabo en secreto, no tardó en ser descubierta.
Cabe reseñar que las victorias de Roma en la Campania y en el Samnio fueron insuficientes debido a los abundantes recursos de la nación samnita.
Si a ello se añade la impopularidad de la confrontación en ciertas capas de la sociedad romana, como, por ejemplo, la referida guarnición romana en Capua, no fue extraño que tres años después ambos: romanos y samnitas, llegarán a un acuerdo.
342 antes de Cristo o 411 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Quinto Servilio Ahala, por 3ª vez, y Cayo Marcio Rútilo, por 4ª vez.
Es nombrado dictador Marco Valerio Corvo.
Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio Emilio Mamercino.
Hechos destacados del año:
La conspiración de Capua fue descubierta por el cónsul Cayo Marcio Rútilo, que le correspondió en el sorteo Campania, mientras que al cónsul Quinto Servilio Ahala quedó en Roma.
Cayo Marcio Rútilo, cuatro veces cónsul y también dictador y censor, se puso manos a la obra para frustrar los anhelos de los soldados de las guarniciones en Campania, propagados desde Capua.
Difundió el rumor de mantener en los mismos cuarteles de invierno el año próximo a los actuales soldados, que dio como resultado aplacar la agitación.
Cuando sobrevino el estío, el cónsul trasladó el ejército a los cuarteles de verano y fue depurando los supuestos cabecillas o bien licenciándolos por cumplir su servicio militar o bien declarándolos no aptos para el servicio por enfermedad o edad o bien dándoles permiso para que lo disfrutasen en sus propias casas.
La mayoría de los agitadores fueron desplazados a Roma, justificando el cambio por motivos de necesidad del servicio.
La artimaña no fue descubierta al principio y todos estuvieron muy contentos por volver a sus casas.
Cuando supieron que nadie de ellos regresó a unirse a sus estandartes y casi ninguno fue destinado a otro lugar, excepto los que habían servido en Campania, percibieron que sus planes habían sido revelados y temieron que hubiera represalias.
Una cohorte estacionada cerca de Anzio detuvo a todos los que el cónsul mandaba a Roma por las razones anteriores y pronto conformó un numeroso cuerpo a quien faltaba un general y se dirigió al territorio de Alba Longa, donde construyó un campamento bien fortificado.
Los legionarios de la cohorte dilucidaron traer por la fuerza a Tito Quincio, un honorable patricio que vivía en una granja en territorio tusculano, apartado de la vida militar a causa de un herida en un pie que le produjo una cojera.
Trasladado al campamento, le vistieron con las insignias propias de un general y lo saludaron como tal.
Apremiados por los acontecimientos, tomaron sus estandartes y marcharon en son de guerra hacia Roma, sin ninguna orden concreta de su designado jefe.
El Senado nombró dictador a Marco Valerio Corvo, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Lucio Emilio Mamercino.
Puesto en marcha el dictador divisó los estandartes de la fuerza rebelde y entabló una entrevista con Tito Quincio para negociar una salida aceptable para todos.
Acordaron ambos pedir al Senado el perdón de los rebeldes secesionistas y que no hubiera represalias contra ellos, cosa que se concedió.
La tradición atribuyó al tribuno de la plebe, Lucio Genucio, aprovechando la secesión abortada, tres leyes conocidas como (Plebiscito Genucio): la primera fue una medida que prohibió dar préstamos a interés; o sea, declarar ilegal la usura; la segunda fue también otra medida que prohibió aceptar la reelección al mismo cargo hasta que hubiesen pasado diez años, o desempeñar dos cargos el mismo año, y la tercera fue una nueva medida que obligó a elegir siempre un cónsul plebeyo.
Durante mucho tiempo, los latinos no respetaron el tratado con Roma y, además de esto, los privernenses efectuaron una incursión repentina y devastaron las colonias romanas vecinas de Norba y Sezze (antigua Setia).
341 antes de Cristo o 412 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Lucio Emilio Mamercino Privernas y Cayo Plaucio Venón, por 2ª vez.
Hechos destacados del año:
Los privernenses vencieron a los habitantes de Norba y de Sezze y los volscos, dirigidos por el pueblo de Anzio, se concentraron en Sátrico.
Los dos frentes bélicos fueron asignados al cónsul Cayo Plaucio Venón, que primero venció a los privernenses, dejando una guarnición en la ciudad de Priverno (Privernum), confiscándoseles dos terceras partes del territorio y, luego, atacó a los anciates en Sátrico, pero el resultado del combate fue incierto a pesar de que hubo grandes pérdidas humanas por parte de ambos.
Al día siguiente de la batalla sostenida contra los anciates y sus aliados volscos, éstos últimos, cuando supieron la cantidad de hombres muertos en el combate, se sintieron derrotados y marcharon hacia Anzio.
El cónsul Lucio Emilio Mamercino Privernas entró en territorio samnita sin encontrar oposición a esta incursión y comenzó a incendiar los campos.
Los samnitas pidieron la paz y el Senado romano se la concedió en cuyo acuerdo Roma cedió en el "casus belli" y dejó a los primeros libres para hacer la guerra a los sidicinos, a condición de que reconociesen de hecho la anexión de Capua y de otras ciudades de Campania por los romanos.
Después de sellarse el tratado, se procedió a la retirada del ejército romano de tierras samnitas, recibiendo los soldados una paga de un año y raciones para tres meses, como había dispuesto el cónsul, Lucio Emilio Mamercino Privernas para dar un tiempo de armisticio hasta que volvieran los embajadores con la firma del tratado.
Así terminó la 1ª guerra samnita.