ROMA
Período republicano (509 antes de Cristo o 244 ab urbe condita,
Al 27 antes de Cristo o 726 ab urbe condita).
Etapa de 340 antes de Cristo o 413 ab urbe condita,
al 338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita.
La República oligárquica.
De las luchas sociales y la política exterior.
340 antes de Cristo o 413 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 3ª vez, y Publio Decio Mus.
Es nombrado dictador Lucio Papirio Craso.
Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Lucio Papirio Cursor.
Son nombrados censores los hermanos Lucio Cornelio Escipión y Publio Cornelio Escipión.
Hechos destacados del año:
Sirva como introducción recordar que el acuerdo con Roma el año anterior dejó libre a los samnitas a hacer la guerra a los sidicinos.
Entonces las tropas samnitas avanzaron contra los sidicinos, que decidieron entregarse a Roma, que los dejó a su suerte.
Rechazados por los romanos, los sidicinos se echaron a los brazos de los latinos de la liga Latina y de los campanos, que pactaron enfrentarse a los samnitas.
Un inmenso ejército, compuesto de estas naciones y bajo el mando de los latinos, invadió el país samnita y produjo, de hecho, más daños mediante los saqueos que por los combates sostenidos.
Aunque los latinos demostraron ser superiores en diferentes encuentros, no estaban dispuestos a retirarse del territorio de un enemigo con el que no luchaban muy a menudo.
Los samnitas enviaron embajadores a Roma reclamando su apoyo para solucionar este conflicto, basándose en el reciente tratado de paz acordado.
Además, los delegados samnitas propusieron al Senado que, debido a la influencia romana sobre latinos y campanos, les ordenara desocupar sus tierras del Samnio, y si desobedecían su autoridad, forzarles a ello.
El Senado explicó indeterminadamente que los latinos no se subordinaban ya a su supremacía y si los castigaba, temía que rompieran cualquier lazo que en un tiempo los unió a Roma.
De todos modos, el Senado concluyó que nada había escrito en el tratado mantenido con los latinos que prohibiera hacer la guerra a quien quisieran.
Los latinos se dieron cuenta de la política romana, que perseguía la anexión de todo el Lacio.
Por primera vez, aunque demasiado tarde, la mayoría de la confederación latina, apoyada por los volscos de Antium con su flota, y también por campanos y sidicinos, los grandes traicionados en el tratado romano-samnita, estuvo de acuerdo en luchar contra Roma.
Los latinos, amparándose en el pretexto de preparar la guerra contra el Samnio, planearon luchar contra Roma, pero deshaciéndose primero de los samnitas que estaban en su retaguardia.
Los secretos planes mencionados fueron delatados por amigos y familiares de los latinos que vivían en Roma y el Senado ordenó que los cónsules dimitieran de su cargo antes de su expiración para elegir nuevos cónsules prestos para la inminente guerra.
Obstáculos religiosos impidieron realizar las elecciones al consulado, de modo que comenzó un interregno.
Hubo dos interreyes: Marco Valerio Corvo y Marco Fabio Ambusto.
Este último nombró cónsules a Tito Manlio Imperioso Torcuato, por 3ª vez, y a Publio Decio Mus.
Los romanos, disimulando desconocer los proyectos de los latinos, invitaron a diez notables de la Liga Latina para darles instrucciones sobre las peticiones de los samnitas.
El cónsul, Tito Manlio Imperioso Torcuato, les aconsejó no hacer la guerra a los samnitas, ya que los romanos compartían un tratado con ellos.
Un notable latino, al mismo tiempo, pretor de los colonos de Sezze, no se anduvo con tapujos y declaró que los latinos se sentían iguales a los romanos y, si querían seguir siendo sus aliados, deberían elegir a un cónsul del Lacio y a otro de Roma y el Senado también debería estar conformado por un número igual de miembros de ambas naciones y haber solo una nación, una república y, considerando la preferencia de esta ciudad sobre el resto, aceptarían llamarse todos romanos.
El cónsul y el Senado se opusieron a las exigencias de los latinos y se ordenó acompañar a los notables fuera de la ciudad y custodiarlos para que la plebe enfurecida no acabase con alguno de ellos.
La segunda guerra latina (del 340 antes de Cristo o 413 ab urbe condita, al 338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita) comenzó.
Combatir contra los latinos supuso una adversidad porque iban a enfrentarse y luchar contra un pueblo similar en lengua, costumbres, armas y organización militar, ya que habían sido colegas y camaradas, como soldados, centuriones y tribunos en las mismas posiciones y en los mismos manípulos.
Se dieron órdenes estrictas para impedir alguna confusión en los puestos de combate a la hora de batallar, pues nada había distinto en el ejército latino del romano, excepto posiblemente el valor.
Según Tito Livio en una detallada descripción refirió que el ejército de la época estuvo compuesto por manípulos, cuya parte posterior se dividió en unidades más pequeñas y cada una constaba de sesenta hombres, con dos centuriones y un portaestandarte.
La línea más importante estaba compuesta por los hastados, dispuestos en quince manípulos y formados a corta distancia unos de otros.
Uno de estos estaba formado por veinte soldados armados a la ligera y los demás portando el escudo (scutum); los llamados ligeros llevaban una lanza larga (hasta) y varias jabalinas cortas de hierro (pilum).
Esta línea de vanguardia la formaban los jóvenes en la flor de la juventud, justo al cumplir la edad suficiente para el servicio.
Tras ellos forma un número igual de manípulos, llamados príncipes, compuestos por hombres en su pleno vigor vital, todos portando scutum y equipados con panoplia completa.
Esta formación de treinta manípulos era llamada los antepilanos.
Detrás de ellos estaban los estandartes bajo los que formaban quince manípulos, divididos en tres filas, cada una con su vexillum; a las primeras se las llamaba pilum; cada bandera (vexillum) estaba dividido en tres unidades, donde el tipo de estandarte empleado daba nombre al tipo de unidad, con sesenta hombres, dos centuriones y un portaestandarte con su vexillum, en total ciento ochenta y siete hombres contando el portaestandarte.
El primer estandarte era seguido por los triarios, veteranos de probado valor; el segundo por los rorarios, hombres de menor habilidad por su edad y disposición; al tercero lo seguían los accensi, de los que menos se esperaba y que, por tanto, se situaban en la línea más retrasada.
Cuando quedaba dispuesta la formación de batalla del ejército, los hastados eran los primeros en combatir.
Si no lograban rechazar al enemigo, se iban retirando lentamente a través de los intervalos entre las unidades de los príncipes, que se hacían cargo entonces del combate con los hastados siguiéndoles por detrás.
Los triarios, entre tanto, descansaban con una rodilla en tierra, bajo sus estandartes, con sus escudos (scuta) sobre sus hombros y sus lanzas clavadas en el suelo con las puntas hacia arriba, haciéndoles parecer una valla erizada.
Si los príncipes tampoco tenían éxito, se retiraban lentamente hasta donde estaban apostados los triarios, lo que ha dado lugar al dicho proverbial, cuando la gente está en grandes dificultades, decir entonces: "han llegado las cosas hasta los triarios".
Una vez que los triarios habían dejado pasar por los intervalos que separaban sus unidades a los hastados y príncipes, se alzaban de su postura de rodilla en tierra y cerraban inmediatamente la formación, bloqueando el paso a través de ellos y, formando una masa compacta, caían sobre el enemigo como última esperanza del ejército.
El enemigo, que había seguido a los otros, hastados y príncipes, como si los hubiera derrotado, veía con espanto surgir un nuevo y mayor ejército que parecía que se elevaba de la tierra.
Se alistaban, por lo general, cuatro legiones, cada una de cinco mil hombres, asignándose a cada legión trescientos de caballería. Una fuerza de igual tamaño solía ser suministrada por los latinos que ahora, sin embargo, eran hostiles a Roma.
Una vez conocida la estructura de la legión romana y, al mismo tiempo, la latina, urge mencionar, que habiendo adoptado idéntica formación, iban a chocar bandera (vexillum) contra bandera (vexillum), hastados contra hastados y príncipes contra príncipes, y centurión contra centurión.
Hubo una pequeña diferencia en la composición de la centuria romana y fue la adopción por parte del centurión de un subalterno o lugarteniente, al que se le llamó optio, el segundo mando de la centuria.
Roma, en vez de enfrentarse frontalmente a los latinos, planteó rodear Campania y tomar el camino que llevaba al Vesubio.
Ambos cónsules marcharon hacia Capua al encuentro del enemigo latino y, cuando acamparon frente al adversario, tuvieron un sueño, que los arúspices interpretaron como el desenlace de la batalla, anunciando que el ejército cuyo general muriera en combate junto a sus hombres, alcanzaría la victoria.
Se determinó que el cónsul que comandara el ala que comenzara a flaquear en pleno combate debía consagrarse a sí mismo y al ejército rival en ofrenda a los dioses Novensiles; a saber, nueve dioses llevados a Roma por los sabinos: Pales, Vesta, Minerva, Feronia, Concordia, Fides, Fortuna, Salus e Indigetes, a Manes y a la Madre Tierra, para obtener la ansiada victoria.
Una vez que se unieron las tropas samnitas, la batalla decisiva tuvo lugar a los pies del Vesubio.
Allí las legiones del cónsul Publio Decio Mus, situadas en el ala izquierda del frente del combate, empezaron a ceder, y éste decidió cumplir su promesa.
Llamó al pontífice máximo, de nombre Marco Valerio, y repitió, después de él, las palabras por las que se ofrecía él mismo para entregarse junto al enemigo a los dioses de la muerte, con su toga envuelta alrededor de su cabeza.
Saltó sobre su caballo, y llevando el vestido de sacrificio, se precipitó sobre las filas más compactas del enemigo, donde fue muerto.
Tal es la historia más común sobre su muerte, pero otros relatos la cuentan de un modo diferente.
Según Zonaras, fue muerto como una víctima de sacrificio por un soldado romano.
Finalmente el ala derecha romana, mandada por el cónsul Tito Manlio Imperioso Torcuato, contuvo a la reserva latina, y el ala izquierda, ya recuperada, junto con los samnitas federados (foederati); o sea, contingente de soldados proporcionados a Roma ante una imperiosa necesidad, estipulado en el tratado romano-samnita, destrozaron a las huestes enemigas, infringiendo la primera derrota a los latinos y campanos de la que tan sólo una cuarta parte de éstos pudo escapar.
Sin embargo, a pesar de la victoria, los romanos sufrieron muchas bajas y quedaron muy debilitados.
Los jefes de las también mermadas tropas latinas acordaron enviar cartas por todo el Lacio para atraerse a los pueblos indecisos y, particularmente, a los volscos.
Pronto reclutaron y juntaron un destacado cuerpo de milicias reunido de todas partes.
El nuevo ejército confederado latino se enfrentó al cónsul, Tito Manlio Imperioso Torcuato, en Trifano, un lugar entre Sinuessa y Menturnas, que fue la decisiva batalla que sofocó la rebelión de los latinos.
A partir de entonces, los romanos fueron acorralando desde Campania a los latinos en su propio territorio.
Los romanos anexionaron el territorio del Lacio y de la ciudad de Capua, al que se añadió el de Priverno y Falerno, ciudades pertenecientes a los campanos, que fue distribuido entre la plebe romana.
Los habitantes de Laurento (Laurentum), latinos de origen, y los caballeros campanos fueron excluidos de aplicárseles algún castigo, porque no se habían rebelado.
Los laurentes obtuvieron como recompensa la renovación de un tratado y a los caballeros campanos se les concedió la ciudadanía romana.
El único cónsul, Tito Manlio Imperioso Torcuato, regresó a Roma, pero el breve descanso no dio lugar a que su maltrecha salud le fortaleciera y le impidió hacerse cargo de la guerra, que los anciates acababan de iniciar con la invasión de los territorios de Ostia, Ardea y Solonia.
Se nombró dictador a Lucio Papirio Craso y éste designó como jefe de la caballería, magíster equitum, a Lucio Papirio Cursor, un pariente cercano, hijo de Espurio Papirio Cursor.
El dictador determinó establecer un campamento en el país de los anciates durante unos meses, pero no realizó ninguna acción destacada contra ellos.
Cronología de otros hechos históricos:
África.
Cartago.
El general cartaginés, Giscón, padre de Amílcar Barca, se encontraba en el exilio cuando sus compatriotas sufrieron la derrota de Crimiso en Sicilia.
Sicilia.
Hicetas de Leontinos, aspirante a la tiranía de Siracusa, volvió a convencer a Cartago para que enviara un gran ejército que llegó a la isla bajo el mando de los generales Asdrúbal y Amílcar contra Siracusa, donde Timoleón, el corintio, era el dueño absoluto.
Según Plutarco, la fuerza cartaginesa constaba de 70.000 hombres (unas cifras muy abultadas) e incluía muchos carros de guerra, mientras que las de Timoleón constaban entre 12.000 a 5.000 hombres de infantería y 1.000 de caballería.
Los cartagineses desembarcaron en Lilibea, (actual Marsala), mientras que Timoleón marchó hacia el oeste, atravesando la isla hasta llegar cerca de Selinunte.
Timoleón sorprendió a los cartagineses cuando cruzaban el río Crimiso, primero enviando a su caballería contra ellos para desordenar sus filas e incapacitarlos para formar un frente de batalla.
Timoleón en persona lideró a su infantería y tomó ventaja en el desenlace de la lid, aprovechando el desconcierto del enemigo que se acrecentó debido a una enorme tormenta de lluvia y granizo, acompañada de viento que sopló de cara a los cartagineses, dificultando así su visibilidad.
Mientras los ejércitos estaban trabados en la lucha, la caballería griega cargó otra vez contra el flanco púnico.
El ejército cartaginés rompió filas, siendo la Legión sagrada la última en caer, luchando, según las fuentes, "con bravura hasta el último hombre".
Los cartagineses fueron derrotados y Timoleón capturó su campo de provisiones, apropiándose de un importantísimo botín. Las bajas griegas no debieron de ser muchas, pero las púnicas según las cifras de Plutarco (bastante fiables), 10.000 fueron muertos, de ellos 3000 cartagineses y 5000 prisioneros.
Fue una victoria aplastante y decisiva que dio muchos años de paz para los griegos en Sicilia y una severa derrota para los invasores cartagineses que los arrinconó en la esquina sudoeste de la citada isla.
339 antes de Cristo o 414 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Tiberio Emilio Mamercino y Quinto Publilio Filón.
Es nombrado dictador Quinto Publilio Filón.
Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Décimo Junio Bruto Esceva.
Hechos destacados del año:
Los latinos reanudaron las hostilidades contra Roma para reconquistar los territorios perdidos, pero el cónsul Quinto Publilio Filón los derrotó en las llanuras de Fenectanas y les echó de su campamento, consiguiendo la victoria y, al mismo tiempo, la rendición de la confederación latina.
El cónsul Tiberio Emilio Mamercino dirigió su ejército a Pedum, donde una fuerza combinada de Tívoli, Palestrina y Velletri y de las ciudades volscas de Lanuvio y Anzio le presentó combate.
Los romanos aventajaron a los sublevados, pero no terminaron con la guerra, pues el cónsul Tiberio Emilio Mamercino abandonó el campo de batalla para dirigirse a Roma, porque había oído que a su colega el Senado le ofreció un triunfo y él pidió también que lo gratificaran con ese honor, a pesar de no haber vencido a los enemigos mencionados.
El Senado negó el triunfo al cónsul exigente, que, a partir de entonces, gobernó su consulado más con el espíritu de un tribuno de la plebe sedicioso que como un buen general.
La acusación emitida contra el Senado de haber distribuido deshonestamente los territorios latinos y falernos a la plebe, le atrajo el odio de los senadores que publicaron una orden para nombrar un dictador, que el mismo Tiberio Emilio Mamercino, por tener el turno de ostentar las fasces, cumplimentó, eligiendo dictador a su colega, Quinto Publilio Filón, el cual designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Décimo Junio Bruto Esceva.
Además, hizo aprobar las leyes Publilias (leges Publiliae), medidas que concedieron importantes ventajas a la plebe y desfavorecieron a la nobleza, por lo que la dictadura fue muy popular.
En ellas se decretó primero, que los plebiscitos de la plebe obligaban a su cumplimiento a todos los ciudadanos; segundo, que las leyes llevadas a los comicios por centurias, debían, antes de obtenerse los sufragios, ser rectificadas por el Senado; o sea, el Senado perdió el derecho de veto sobre los comicios centuriados; y tercero, que uno de los dos censores debía de ser elegido entre los plebeyos, lo propio que los cónsules en determinados casos (uno patricio y otro plebeyo).
Con estas tres leyes la distinción política entre los dos órdenes patricios y plebeyos desapareció en la práctica y la nueva nobleza (nobilitas) pudo acceder a todas las magistraturas republicanas, incluida la de los sacerdocios públicos.
La Ley de las Doce Tablas permitió inconsecuentemente que los comicios por curias, a causa de la gran influencia religiosa, continuasen refrendando las decisiones de los comicios por centurias.
El dictador, Quinto Publilio Filón, rebajó la jerarquía a dicha sanción haciendo que los comicios por curias tuviesen que dar su opinión antes de las deliberaciones de las centurias.
Lo mismo acaeció con los plebiscitos que se convirtieron también en un órgano constitucional, ya que desde entonces los decretos de las tribus tuvieron el valor de la ley general para toda la nación.
338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Lucio Furio Camilo y Cayo Menio.
Hechos destacados del año:
Los recursos para afrontar una guerra comenzaron a escasear para los confederados latinos y, entonces, sus jefes se ciñeron a defender sus ciudades; si bien tuvieron en cuenta que si alguna ciudad era atacada, se le enviaría inmediatamente socorro.
El cónsul Cayo Menio atacó por sorpresa las tropas de Ariccia, Lanuvio, Velletri y las volscas de Anzio y las derrotó en el río Astura.
La batalla contra la flota de los volscos en el puerto de Antium fue una gran y definitiva victoria.
El cónsul mandó arrancar los espolones (rostra) de los barcos enemigos para trasladarlos a Roma y colocarlos en el muro de la tribuna de oradores del Foro Romano, ante la que se reunían los comitia o asambleas romanas.
Desde entonces esta tribuna fue conocida como rostra y, por extensión, se acabó por dar el nombre a dichas tribunas.
La primigenia tribuna se debía encontrar entre el foro de época republicana y el comitium, que entonces se encontraban diferenciados, por lo que los oradores podían ser escuchados de una y otra parte.
Como consecuencia de esta victoria, el cónsul Cayo Menio parece ser que obtuvo el sobrenombre de Antiaco.
Las tropas de Tibur (actual Tívoli) y de Palestrina (actual Preneste) llegaron hasta Pedum.
Lucio Furio Camilo derrotó con gran dificultad a las fuerzas de Tibur, las más poderosas, y capturó la ciudad.
Luego conquistó todas las ciudades rebeldes del Lacio y dejó en cada una de ellas una guarnición romana, regresando después a Roma.
Cada cónsul fue honrado con un triunfo y, como gratificación especial, fue también cada uno galardonado con la erección de sus estatuas ecuestres en el Foro.
Fin de la segunda guerra latina.
El cónsul, Lucio Furio Camilo, además se distinguió por aconsejar a sus compatriotas tratar a los latinos vencidos con suavidad y buen tacto.
Ahora había que trabajar para establecer y afianzar la paz.
Ariccia, Nomento y Pedum obtuvieron los mismos derechos políticos que Lanuvio: obligadas a aceptar la plena ciudadanía romana.
Roma no solo salió así de la guerra robustecida y engrandecida en su territorio, sino en su poder, al añadir las fuerzas de las ciudades anexionadas de Ariccia y Lanuvio a su propio aparato bélico.
Túsculo también mantuvo la ciudadanía que había tenido antes.
Velletri (Velitrae) perdió el derecho a la ciudadanía romana, derruidas sus murallas y deportado a los miembros de su Senado al otro lado del Tíber para no volver nunca más, aunque se permitió que colonos poblasen dicha ciudad.
Tibur (actual Tívoli) y Palestrina (actual Preneste), dos ciudades latinas muy importantes fueron las peor tratadas, y, aunque conservaron su independencia y firmaron una alianza particular con Roma, vieron confiscados sus dominios, no tanto por la participación en la guerra, junto con el resto del Lacio, sino porque, celosos del poder romano, unieron tiempos atrás sus armas con la bárbara nación de los galos, circunstancia que hizo pesar aún más duramente sobre ellas las leyes aplicadas a las ciudades derrotadas que sobre otras localidades latinas o volscas.
Fundí, Formio, Cimea y otra porción de ciudades menores se hicieron romanas y se les permitieron disfrutar de los derechos privativos de los ciudadanos, y Capua gozó de los mismos porque sus caballeros no se alzaron en armas.
Para impedir que Capua pudiese jamás sublevarse, Roma favoreció en ella, con un arte pérfido, la división entre los nobles y el pueblo al revisar y pesar todos los actos de la administración local, eso sí, desde el punto de vista de sus propios intereses.
Se decidió que Cumas y Suessula debían disfrutar de los mismos derechos que Capua.
Una consecuencia trascendental de esta victoria romana fue la adquisición pacífica de Campania.
Las ciudades más importantes del país: Capua, Cumas (Cumae) y Acerra (Acerrae) entraron en la condición de confederadas de Roma.
Las ciudades de esta clase se llamaron civitates foederatae.
Sus habitantes gozaron del Derecho romano y fueron autorizados a contraer matrimonio con los romanos.
Desde entonces se acuñó el nombre romano en las monedas de Campania.
Por consiguiente, se instauró la igualdad de derechos civiles entre Capua y Roma.
La primera mantuvo su autonomía administrativa, el derecho de acuñar moneda y la organización de sus tropas.
Los romanos entraron en Antium (Anzio) y se otorgó esta ciudad a un nuevo grupo de colonos, estableciéndose una colonia romana donde los ciudadanos locales fueron autorizados enrolarse como colonos si lo deseaban y fueron admitidos en la ciudadanía romana, al mismo tiempo que las ciudades supuestamente volscas de Fundi y Formiae.
Sin embargo, sus naves de guerra les fueron confiscadas y se les prohibió tener más.
Ante esto fue necesario a toda costa crear en estos territorios una población romana.
Las tierras conquistadas, particularmente del territorio de Priverno y de Falerno, fueron distribuidas entre los colonos que acudieron en gran número.
Los sidicinos, que auxiliaron a los confederados, como dato curioso, mantuvieron al final su independencia de Roma.
El resto de las ciudades latinas se vieron privadas del derecho de comercio (commercium), de matrimonios mixtos (connubium) y de mantener reuniones entre sí, entre los habitantes de las distintas ciudades y sólo se conservó la unión religiosa con Roma y la Fiesta Latina (feriae latinae) celebrada en los Montes Albanos (Monte Cavo) en honor de "Júpiter Latiaris".
La condición que los romanos otorgaron a las ciudades vencidas fue distinta conforme al lema divide y vencerás (divide et impera), principio que fue caracterizando desde entonces los procedimientos de la política romana.
Esta limitación se reflejó primeramente en una parte de las ciudades mencionadas, que no pudieron gozar del derecho de sufragio (municipi o civitates sine suffragio) ni de las demás inherentes a los ciudadanos romanos, pero siguieron obligadas a prestar los servicios que correspondían a éstos, y vivir sometidos a un juez romano supremo, llamado praefectus iure dicundo; y finalmente en otra parte las ciudades aludidas perdieron su organización comunal o fueron obligadas a aceptar en su seno una colonia romana, a la que tenían que entregar la mejor parte de sus propiedades rústicas (coloniae).
El Lacio quedó así anexionado a Roma.
La Confederación latina fue disuelta.
La victoria de los romanos consiguió la disolución de la Liga Latina, una confederación política independiente que se transformó en una simple asociación religiosa.
Las antiguas constituciones de los confederados, la especificación del máximo de contingente de guerra, su parte proporcional en el botín, nada de todo esto quedó vigente.
En lugar de un único pacto federal entre Roma por un lado y la Liga Latina por el otro, se concluyeron numerosos pactos eternos entre Roma y las diversas ciudades antiguamente confederadas.
Unos cuarenta y seis años atrás Roma ensayó un sistema de aislamiento con las ciudades que se fundaron a partir de entonces, pero ahora lo perfecciona, aplicándolo a toda la nación latina.
Esta aparente generosidad por parte romana disimuló la férrea dominación sobre cada ciudad latina a pesar de que cada una conservase sus antiguos derechos locales y su autonomía.
Roma confirmó así su superioridad, aglutinando, a continuación y en su favor, el poderío de las ciudades de la extinta Liga Latina, a cuyos habitantes se les concedió, a través de una gran variedad de estatutos, un derecho restringido de ciudadanía (ius latii).
La guerra latina surgió por los pactos de Roma con los cartagineses y los samnitas, desembocando en un conflicto armado entre Roma y las ciudades latinas apoyados por los volscos y algunas ciudades de Campania.
El antiguo tratado del foedus Cassianum del año 493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita, fue renovado el año 358 antes de Cristo o 395 ab urbe condita y fortaleció el dominio de Roma sobre la Liga Latina, iniciándose el estallido de la guerra latina (343 antes de Cristo o 410 ab urbe condita, al 338 antes de Cristo o 415 ab urbe condita).
Tras la victoria romana la Liga Latina fue disuelta, denominándose a partir de ahora a las ciudades latinas conquistadas como municipiae y poblándolas con ciudadanos romanos, como colonos, coloniae.
Esto significó que las ciudades latinas fueron desde ese momento dirigidas por Roma.
Ya en el primer tratado firmado con Cartago se concretó que la campiña circundante a la ciudad de Roma era territorio propio, cosa que la Liga Latina impugnó, declarando que ese territorio pertenecía a ella.
Estalló una guerra que dio vencedora a Roma y vencida a la confederación, si bien con condiciones (el foedus Cassianum, año 493 antes de Cristo o 260 ab urbe condita), que sellaron la capitulación de treinta ciudades latinas como dos poderes independientes.
El nombre del tratado se debió al cónsul Espurio Casio en el momento de firmar el tratado y, quien se presume negoció los términos.
Las cláusulas dispusieron la paz entre ambas partes y la unidad militar de sus ejércitos para defender las tribus itálicas; además, el reparto de los botines obtenidos en tiempos de guerra; también fundar colonias conjuntas en las tierras conquistadas para su propia prosperidad; y finalmente, la creación de una comunidad de derechos privados entre los ciudadanos de Roma y los de cualquier ciudad latina.
El tratado fortaleció a Roma porque los latinos apoyarían militarmente a los romanos, cuya República aún era débil.
Esta coyuntura permitió a Roma expandirse más allá, conquistando la mayor parte de la península itálica.
El tratado fue renovado en año 358 antes de Cristo o 395 ab urbe condita, pero Roma lo incumplió poco después y empezó otra guerra latina.
Finalmente, Roma derrotó a los miembros no-romanos de la Liga y el foedus Cassianum siguió invalidado.
Cronología de otros hechos históricos:
África.
Cartago.
El Senado de Cartago requirió al exiliado general Giscón, probablemente padre de Amílcar Barca y abuelo de Aníbal, que volviera a la ciudad para proveerse de un ejército que solicitaron los aliados sicilianos.
Sicilia.
Giscón fue llamado de su destierro y enviado con un ejército de mercenarios a luchar en Sicilia.
Derrotó a dos cuerpos de fuerzas mercenarias al servicio de Siracusa, pero no pudo evitar la derrota de Mamerco de Catania e Hicetas de Leontinos, los dos jefes de los aliados de los cartagineses en la isla, y poco después un embajador especial, enviado desde Cartago, firmó un acuerdo de paz ventajoso para Timoleón, el corintio, de Siracusa por el que se fijó el río Halycos como frontera.
Este tratado definió el dominio de Cartago sobre Sicilia que fue confinado al oeste del Halycos.
Hicetas de Leontinos fue hecho prisionero en uno de los enfrentamientos con Timoleón y fue condenado a muerte.
Magna Grecia.
Tarento.
Arquidamo 3º, rey de Esparta, murió en una batalla cerca de Tarento en la ciudad de Manduria.
La victoria conjunta de los lucanos y de los mesapios abrió el camino para acordar posteriormente una alianza entre ambos pueblos.