ROMA
Es nombrado dictador Marco Claudio Marcelo. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Espurio Postumio Albino Caudino. Sirva como información que los feciales fueron sacerdotes encargados de organizar las relaciones diplomáticas de Roma con los demás pueblos extranjeros dentro del credo religioso, en especial en asuntos relacionados con las declaraciones de guerra y la firma de tratados. El Senado ordenó al cónsul, Quinto Publilio Filón, hacer la guerra a Paleópolis, a la que sitió y comunicó al Senado que dos mil soldados de Nola y cuatro mil samnitas entraron en esta ciudad.
Los samnitas desmintieron las acusaciones vertidas por el gobierno romano de que preparaban la guerra, pero se quejaron a Roma por haber establecido una colonia en Fregellas en su propio territorio, cuyas murallas fortificaron. La irrupción de los romanos en Campania debió colmar la inquietud de los samnitas. Las elecciones consulares iban a comenzar, pero, como sería imprudente llamar a los cónsules a Roma, bien porque Quinto Publilio Filón interceptó la comunicación entre las ciudades de Neápolis y Paleópolis o bien porque Lucio Cornelio Léntulo entró ya en el mismo Samnio, el Senado acordó con los tribunos de la plebe prorrogar el mandato de los cónsules con ambos proconsulados. A Lucio Cornelio Léntulo le preceptuaron nombrar a un dictador que acometiera las elecciones.
Fue nombrado dictador Marco Claudio Marcelo, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Espurio Postumio Albino Caudino. Irregularidades en el nombramiento del dictador aplazaron la celebración de las elecciones. Heraldos romanos entregaron a los samnitas la declaración de guerra. Hubo una alianza de amistad con los apulios y lucanos, cuando éstos ofrecieron a Roma un apoyo armado en esta nueva guerra contra el Samnio.
Sin embargo, los habitantes de Paleópolis sopesaron rendirse a Roma. El procónsul romano apoyó el plan previsto con tres mil soldados, para apoderarse de Paleópolis, ocupada por samnitas y nolanos. Como los samnitas habían sido engañados, para que acudieran a la costa, y los nolanos eran poco numerosos, la ciudad fue tomada. Los samnitas, que estaban ya fuera de la ciudad, tuvieron una huida más penosa.
La rendición de Paleópolis a los romanos supuso a los tarentinos replantearse la lucha contra Roma o la alianza con la misma, pues el tratado de amistad firmado por los lucanos, vecinos de Tarento, los dejaba en franca inferioridad si se producía un conflicto armado. Pero, antes de concluir por qué camino optar, los tarentinos intentaron inducir a los lucanos a romper las relaciones de amistad con Roma. Algunos jóvenes lucanos fueron sobornados por los tarentinos para arrastrar al pueblo a entablar una alianza con los samnitas y con ellos mismos. Los samnitas, a pesar de estar poco convencidos por el cambio de parecer de los lucanos, aceptaron el ofrecimiento siempre que les entregasen rehenes y permitieran apostar guarniciones en ciudades lucanas.
Conocidas en Roma la repentina deserción de los lucanos, inducidos por los tarentinos, y la causa común establecida entre vestinos y samnitas, provocaron inquietud entre los senadores romanos. Es nombrado dictador Lucio Papirio Cursor. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Quinto Fabio Máximo Ruliano. Fue nombrado dictador Lucio Papirio Cursor, ya cinco veces cónsul, que eligió como jefe de la caballería, magister equitum, a Quinto Fabio Máximo Ruliano, para dirigir la guerra contra los samnitas.
Obligado el dictador a volver a Roma, dejó el mando de su ejército en manos de su jefe de la caballería, magister equitum, con la orden de no entablar ningún combate. Continuaron en el poder, Lucio Papirio Cursor, siendo dictador, y Quinto Fabio Máximo Ruliano como jefe de la caballería, magister equitum. Siguiendo los hechos de la victoria romana en Imbrinio, el jefe de la caballería, Quinto Fabio Máximo Ruliano, juntó todas las armaduras y las armas de los vestinos y las prendió fuego, para privar al dictador de la gloria de la victoria y de enseñorear el botín en un posible triunfo. También informó al Senado, y no al dictador, de su victoria.
Estos actos desencadenaron un conflicto entre el dictador y el propio jefe de la caballería, que condujeron a desavenencias entre ellos. El dictador, Lucio Papirio Cursor, iracundo, abandonó Roma para dirigirse al campamento romano del Samnio, con la intención de castigar al jefe de la caballería, Quinto Fabio Máximo Ruliano, pero las amenazas del ejército, amotinándose, las súplicas del pueblo, que intercedió por él, y las peticiones de su padre, el anciano Marco Fabio Ambusto, impidieron que diese muerte al magister equitum. Los avatares mencionados hicieron cambiar de actitud al dictador que, entonces, perdonó al jefe de la caballería, al pueblo y al viejo Marco Fabio Ambusto, para obtener el favor de las tropas. Acto seguido, lideró las legiones a las que prometió entregarle el botín, si obtenían una victoria contra los samnitas, cosa que ocurrió.
Se acordó una tregua por un año entre Roma y el Samnio. El dictador regresó de nuevo a Roma para celebrar el triunfo, y, como ansiaba abandonar el cargo, el Senado le encargó celebrar las elecciones consulares. Los samnitas supieron que el ex dictador, Lucio Papirio Cursor, había renunciado a su cargo y, como no cerraron el tratado de paz abierto con los romanos, en el que por ahora seguían estableciéndose las cláusulas, determinaron renunciar a la tregua. Las tierras apulias y samnitas fueron devastadas, pero no sucedió ningún combate digno de mención entre los ejércitos romano y apulio-samnita.
En Roma, el tribuno de la plebe, Marco Flavio, propuso al pueblo una decisión sobre los ciudadanos de Túsculo por haber aconsejado y ayudado a los habitantes de Velletri y Priverno en la guerra. Es nombrado dictador Aulo Cornelio Coso Arvina. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Marco Fabio Ambusto. Cundió el rumor de que pueblos vecinos a Roma habían contratado mercenarios.
Ante el temor del recrudecimiento de la guerra, hubo un nombramiento de dictador que recayó en la persona de Aulo Cornelio Coso Arvina, que designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Marco Fabio Ambusto. Cabe añadir que los tarentinos se ofrecieron como mediadores entre romanos y samnitas y amenazaron con la guerra al bando que no detuviera las hostilidades, amenaza que no se materializó. El alistamiento de las legiones fue riguroso por parte del dictador y de su jefe de la caballería. Los romanos acamparon en territorio samnita, y trataron de engañar a los enemigos, saliendo del campamento para encontrar un terreno favorable en caso de iniciar un combate, pero pronto fueron avistados por la caballería enemiga, que hostigó inmediatamente a la retaguardia romana, retrasando su avance.
El dictador, Aulo Cornelio Coso Arvina, ordenó separar los bagajes e impedimenta de la columna del ejército en marcha y prepararse para el combate, que empezó. Parte de la caballería samnita atacó los bagajes romanos, escasos de soldados que los vigilaran. Los jinetes samnitas se dedicaron al pillaje de la impedimenta romana y se olvidaron de mantener un orden de batalla, lo que dio lugar a que la caballería del magister equitum, Marco Fabio Ambusto, les sorprendiera y los masacrara. El jefe de la caballería romana, Marco Fabio Ambusto, destrozada una considerable parte de la caballería samnita, se dirigió al frente de la batalla y atacó a la infantería samnita por detrás.
El dictador pidió un último esfuerzo a sus legionarios para terminar la batalla y conseguir una victoria. Los samnitas, con la caballería detrás de sus filas y la embestida de la infantería romanas por delante, empezaron a sufrir pérdidas considerables de soldados. La infantería romana continuó matando enemigos y la caballería romana acabó con la vida de los que trataron huir. Un Consejo romano pidió la entrega a Roma de Brútulo Papio, de los prisioneros y del botín capturado.
Los samnitas perdieron el valor, devolvieron sus prisioneros y enviaron a los romanos el cadáver de Brútulo Papio, el hombre que había sido en su país el jefe del partido de la guerra, y que se había suicidado ahora para escapar del hacha de los verdugos de la República, pero su cuerpo y todos sus bienes fueron llevados a Roma. El Senado romano otorgó el triunfo al dictador, Aulo Cornelio Coso Arvina.