ROMA
Son nombrados cónsules Quinto Fabio Máximo Ruliano, por 3 vez, y Publio Decio Mus, por 2 vez. En recompensa por la victoria de los etruscos, en Etruria, Quinto Fabio Máximo Ruliano fue prorrogado su consulado un año más. Marco Valerio Máximo Corvino fue elegido pretor por 4 vez. El cónsul Publio Decio Mus recibió en el sorteo Etruria y su colega Quinto Fabio Máximo Ruliano, el Samnio.
Una vez en Nuceria Alfaterna, en el Samnio, cuyos habitantes rehusaron con anterioridad la petición de paz, el cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, atacó la ciudad. Libró un combate con los samnitas que sufrieron un revés como sus aliados marsios y pelignos. El otro cónsul, Publio Decio Mus, consiguió que los tarquinios aprovisionaran su ejército con grano y pidieran una tregua por cuarenta años, pero se les concedió una tregua por un año. Plantearon esquivar al cónsul romano y dirigirse directamente a Roma.
Alertado el cónsul, Publio Decio Mus, tomó posiciones en el territorio de Pupinia, al sur del río Anio. El Senado romano, en prevención de un ataque inminente por parte de los umbros, ordenó al otro cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, que abandonase el Samnio y marchase a Umbría. La inesperada presencia de las legiones del cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, hizo pensar a los umbros o retirarse a sus ciudades fortificadas o abandonar la guerra. Tan solo los nativos de la comarca llamada Materina mantuvieron el espíritu combativo y atacaron al cónsul recién venido a la zona, que fortificaba el campamento.
El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, regresó al Samnio. Son nombrados censores Marco Valerio Máximo Corvino y Cayo Junio Bubulco Bruto. Quinto Fabio Máximo Ruliano fue gratificado por el Senado con la concesión de un proconsulado por sus éxitos en la Umbría y en el Samnio, a pesar de la oposición del nuevo cónsul Apio Claudio Caego, el ciego. Un nuevo enemigo belicoso surgió, los salentinos, que habían entrado en la liga contra los romanos, a instigación de los samnitas.
Apio Claudio Caego, el ciego, no buscó la gloria militar, porque ésta ya sonreía a otras personas, y permaneció en Roma para dedicar sus esfuerzos en conseguir influencia mediante obras públicas. Su colega en el consulado, Lucio Volumnio Flama Violens, fue enviado con un ejército consular contra los salentinos, un pueblo de Apulia que habitaba en sur de Italia, y que, durante la guerra samnita, fue un enemigo de Roma. El procónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, cerca de la ciudad de Alife , entabló batalla campal contra los samnitas, que, un día después, se rindieron sin condiciones y tuvieron que pasar todos bajo el yugo. Son nombrados cónsules Quinto Marcio Trémulo y Publio Cornelio Arvina.
Es nombrado dictador Publio Cornelio Escipión Barbato. Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Publio Decio Mus. La confederación de los hérnicos, indispuesta con el Senado de Roma a causa de los voluntarios que esta había capturado en los campos de batalla de la ciudad de Alife el año anterior, le declaró la guerra, más por desesperación que por prudente cálculo. Nuevamente cundió la alarma en Roma ante la situación actual que sufrían los campamentos abandonados a su suerte.
Gracias a que los hérnicos no fueron tan belicosos como los samnitas, éstos no intentaron nada especial para hacerse temer y, a los pocos días, perdieron tres campamentos sucesivamente y pidieron una tregua de treinta días. Acordaron con los romanos pagar el sueldo de seis meses de los legionarios y entregar una túnica a cada uno, si consentían en dejar paso a una embajada para parlamentar en Roma. Los delegados hérnicos, oídos por el Senado romano, fueron remitidos al cónsul, Quinto Marcio Trémulo, que fue dotado de plenos poderes para tratar la negociación, que finalizó con una rendición formal de los citados enemigos. Por otra parte, en el Samnio, el otro cónsul, Publio Cornelio Arvina, a pesar de que contaba con un número mayor de efectivos militares, pero carecía de ciertos suministros, buscó un encuentro cuerpo a cuerpo con los enemigos que lo rehusaron, porque así prolongaron más la campaña.
La llegada del ejército de Quinto Marcio Trémulo al Samnio, después de corroborar la rendición de los hérnicos, obligó a los samnitas a acelerar las cosas. Ante esta realidad, los samnitas decidieron atacar al ejército del cónsul Quinto Marcio Trémulo mientras marchaba, antes de que tuviese tiempo de desplegar a sus hombres. Oídos los gritos de guerra, provenientes de la lejanía, y avistada una nube polvorienta en el horizonte, el cónsul, Publio Cornelio Arvina, ordenó a sus hombres partir prestos del campamento en auxilio de los soldados de su colega. Cuando las tropas samnitas en lucha contra los legionarios de Quinto Marcio Trémulo observaron las llamas de su campamento asolado, apabullados huyeron en todas las direcciones sin hallar un lugar seguro donde refugiarse.
Las bajas samnitas ascendieron a unas treinta mil muertes. Estando festejando la victoria los romanos, fueron divisadas unas nuevas cohortes samnitas, compuestas por reclutas enviados como refuerzos, pero, cuando comprobaron los recién llegados que sus propios soldados veteranos se daban a la fuga, se abstuvieron de entrar en combate y corrieron para esconderse en las montañas como ya hicieron los demás. Antes de que los embajadores samnitas concertasen con el Senado romano las condiciones de la paz, se les obligó suministrar grano para tres meses, la paga de un año y una túnica para cada legionario. El cónsul, Publio Cornelio Arvina, quedó en el Samnio.
Su colega, Quinto Marcio Trémulo, entró en procesión triunfal en Roma por la victoria obtenida contra los hérnicos. Publio Cornelio Escipión Barbato fue nombrado dictador y éste designó como jefe de la caballería, magister equitum, a Publio Decio Mus, pues ninguno de los cónsules pudo dejar su puesto en campaña. El censor, Cayo Junio Bubulco Bruto, firmó un contrato para la construcción del templo de Salus que había ofrendado, cuando participó como cónsul en la guerra samnita. Es considerado un presunto tratado entre Roma y Cartago por el que se repartirían sus zonas de influencia.
El texto del tratado no ha sido conservado, pero sus condiciones generales si se conocen, siendo básicamente, que Roma no intervendría en Córcega y Sicilia, mientras que Cartago tampoco intervendría en Italia. Ello implicaría una cierta debilidad de Roma, por cuanto perdía el acceso comercial previo, según el segundo tratado romano-cartaginés, mientras que Cartago mantenía la misma posición. Son nombrados cónsules Tiberio Minucio Augurino, sustituido por Marco Fulvio Curvo Petino como cónsul sufecto, y Lucio Postumio Megelo. Los samnitas se enfrentaron al cónsul, Lucio Postumio Megelo, en Tiferno, cuya batalla tuvo un resultado indeciso y este cónsul, con el fin de dar la impresión de que tenía miedo del enemigo, se retiró por la noche hacia las montañas.
Tiberio Minucio Augurino, aconsejado por su colega Lucio Postumio Megelo, presentó batalla a los samnitas y el combate se prolongó hasta avanzado el día sin que el resultado del enfrentamiento diera ventaja a alguno de los contendientes. Los samnitas pronto se dieron a la fuga, y se volvieron a capturar veintiséis estandartes, y el mismo jefe samnita, Estacio Gelio, fue hecho prisionero junto a muchos de sus hombres y ambos campamentos. En este punto, otros autores confirmaron que el cónsul, Tiberio Minucio Augurino, fue regresado al campamento romano, herido de gravedad hasta tal punto que le sobrevino la muerte, y fue relevado, por el cónsul sufecto, Marco Fulvio Curvo Petino, que tras hacerse cargo del mando del ejército, junto con Lucio Postumio Megelo, efectuó la captura de dicha ciudad. Con la conquista de Boiano , la capital de los enemigos samnitas, en pleno corazón del país, se fue resolviendo la eternización de la guerra.
Durante este año, Sora, Arpino y Cesennia, que estaban en manos samnitas, fueron recuperadas por los romanos. Son nombrados cónsules Publio Sempronio Sofo y Publio Sulpicio Saverrión. Son nombrados censores Publio Decio Mus y Quinto Fabio Máximo Ruliano. Si bien ansiosos por terminar o bien por suspender las hostilidades, los samnitas enviaron embajadores con una actitud sumisa al Senado romano para concertar la paz.
Se les informó que el cónsul Publio Sempronio Sofo, se trasladaría en breve al Samnio con su ejército, y éste sería el que juzgara con exactitud si ciertamente los suplicantes estaban más dispuestos a hacer la paz o a hacer la guerra. Pero la pérdida de la ciudad más importante del Samnio, Boiano , capital del país, pesó en el ánimo de los samnitas y los abocó a solicitar la paz. Cuando los samnitas firmaron la paz, los ecuos, sus antiguos aliados, tomaron las armas contra Roma. Los nativos de estos pueblos consiguieron un tratado con Roma.
Roma emprendió una gran campaña de colonización en Campania y el valle del río Liris fundando trece colonias. Los marsios, pelignos, marrucinos y sabelinos fueron obligados a aliarse con Roma y el territorio de los ecuos fue incorporado al de la República romana, fundándose otras seis tribus rústicas en esta región conquistada. Roma afianzó su soberanía en Etruria y Umbría y quedó como la mayor potencia de Italia, sin ningún enemigo capaz de disputarle su supremacía. Cabe reseñar que los nuevos censores, Publio Decio Mus y Quinto Fabio Máximo Ruliano, más que colegas fueron adversarios, pues el primero comprobó cómo sus planes políticos recibieron un golpe mortal y el conflicto iniciado por los patricios intransigentes y los plebeyos proletarios acabó en victoria definitiva de la nobleza patricio-plebeya .
Ante el fracaso de su colega, Quinto Fabio Máximo Ruliano, fue el artífice de la restauración de las viejas tradiciones sociales de la antigua Roma. También, Cneo Flavio, hijo de un liberto y secretario del cónsul Apio Claudio el Censor, un trabajo de la administración pública con cargo al erario público, fue un buen jurista y escritor, partidario de las reformas de Publio Decio Mus, y ascendido por éste al censo consular. Su elección a la edilidad sorprendió a la élite gobernante tradicional, promulgando un registro de votantes, «reformas» destinadas a reducir el creciente poder de voto de los libertos en Roma. Se rodeó de una guardia personal compuesta por mercenarios itálicos, principalmente samnitas y los célebres mamertinos.