Roma, Historia Eterna

A042 Roma, Historia Eterna - República XXVIII (458-459 a.u.c.)


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295 antes de Cristo o 458 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Quinto Fabio Máximo Ruliano, por 5ª vez, y Publio Decio Mus, por 4ª vez.
La apacible armonía no perduró entre ellos, azuzados por la rivalidad entre los órdenes, el patricio y el plebeyo, pues los senadores patricios, prescindiendo del clásico sorteo, pensaron en dar Etruria al cónsul patricio: Quinto Fabio Máximo Ruliano, y los senadores plebeyos recordaron al cónsul plebeyo: Publio Decio Mus, que no cediera hasta resolver el asunto mediante el tradicional reparto de la zona, donde quedaba ubicada la campaña militar de cada cónsul.
El problema de la adjudicación de la zona militar fue resuelto por el pueblo que obligó al Senado a decretar que Etruria quedara asignada a Quinto Fabio Máximo Ruliano sin echar las suertes.
Así pues a Quinto Fabio Máximo Ruliano le tocó Etruria y las tropas de Apio Claudio Caego, el ciego, más las tropas de refuerzo que el cónsul considerase que iba a necesitar.
A Publio Decio Mus le correspondió el Samnio.
Quinto Fabio Máximo Ruliano marchó a Etruria a relevar a Apio Claudio Caego, el ciego, que en Roma lo esperaban para ocupar el cargo de pretor.
Cuando la primavera se asentó, Quinto Fabio Máximo Ruliano dejó la segunda legión en Chiusi (Clusium) y puso a Lucio Cornelio Escipión Barbato a cargo del campamento como propretor.
Los galos senones llegaron al territorio de Etruria antes que los cónsules y se establecieron en Chiusi (Clusium) para atacar el campamento romano y a la legión que estaba allí estacionada.
Lucio Cornelio Escipión Barbato, al mando de la legión estacionada cerca de Chiusi (Clusium), se dirigió con sus tropas a ocupar un terreno elevado hasta una colina que se extendía entre su campamento y la ciudad para cerrar el paso al enemigo, pero se encontró con la sorpresa de que la posición estaba ocupada por los enemigos.
Esta fue una batalla de la tercera guerra samnita, conocida como la batalla de Camerino.
La fuerza con la que los cónsules salieron en campaña constó de cuatro legiones y un gran cuerpo de caballería, además de mil soldados selectos campanos destinados a esta guerra.
Los contingentes proporcionados por los aliados y la liga latina formaron un ejército aún más grande que el romano.
Pero además de esta gran fuerza, otros dos ejércitos romanos estaban estacionados no muy lejos de Roma, frente a Etruria: uno en territorio falisco y otro en los campos del Vaticano.
Los propretores, Cneo Fulvio Máximo Centumalo y Lucio Postumio Megelo, recibieron órdenes de asentar sus campamentos en aquellas posiciones. Los cuatro ejércitos aliados, enemigos de Roma, celebraron un consejo y decidieron realizar campamentos separados y no participar todos a la vez en el campo de batalla.
Acordaron que los galos irían junto con los samnitas, mientras que los umbros partirían junto con los etruscos.
Una vez fijado día para la batalla, decidieron que samnitas y galos se enfrentarían al grueso del ejército romano, mientras que umbros y etruscos atacarían el campamento y las tropas de reserva en el transcurso del combate.
Pero estos planes llegaron a conocimiento de los romanos, por medio de tres desertores de la ciudad de Chiusi (Clusium), quienes contactaron con el cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, desvelando los propósitos del enemigo.
Ahora que dividieron las tropas de las cuatro naciones, los cónsules buscaron al resto del enemigo, samnitas y galos, para provocar una batalla.
El ejército romano, compuesto por 2 ejércitos consulares, cada uno con 2 legiones romanas y 2 aliadas y numerosa caballería reforzada con 1.000 jinetes campanos. desplegó a la manera tradicional la caballería en las alas, las legiones romanas en el centro y las legiones aliadas en los flancos.
Publio Decio Mus mandó el ala izquierda y Quinto Fabio Máximo Ruliano el ala derecha.
El ejército romano sumó unos 40.000 efectivos.
Los samnitas se situaron a la izquierda frente a Quinto Fabio Máximo Ruliano y los galos a la derecha frente a Publio Decio Mus; la caballería fue colocada en las dos alas, mientras que los galos emplazaron a su retaguardia sus carros de guerra.
En ejército galo-samnita sumó unos 50.000 efectivos.
Los ejércitos, en perfecto orden de batalla, mantuvieron posiciones, contemplándose mutuamente.
Quinto Fabio Máximo Ruliano prefirió mantener una postura defensiva, atacando a los samnitas con sus vélites en pequeños ataques no concluyentes.
Por el contrario, Publio Decio Mus, quien por ser más joven era más vehemente, atacó con todas sus fuerzas. Por dos veces consecutivas Publio Decio Mus rechazó a la caballería gala que le salió al encuentro.
En ese momento la infantería gala, envalentonada por el colapso romano, se abalanzó contra las legiones de Publio Decio Mus, que comenzaron a ceder.
Mientras, su colega Quinto Fabio Máximo Ruliano, al observar lo que ocurría en el ala izquierda, ordenó al propretor, Lucio Cornelio Escipión Barbato, y a Cayo Marcio Rútilo Censorino que tomasen sus tropas que mantenía en reserva y se dirigiesen allí para restablecer el combate. El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, dejó que transcurriera el día y, cuando se percató de que las fuerzas del enemigo iban mermando, ordenó a los prefectos de la caballería que, en un movimiento envolvente, atacasen el flanco samnita, mientras que la infantería, abandonando su actitud defensiva, comenzó a avanzar.
Los samnitas, incapaces de aguantar la acometida, emprendieron la huida.
Finalmente los galos, al ser rodeados, no ofrecieron resistencia, acabando la batalla.
Las pérdidas romanas sumaron unos 8.200 muertos, mientras que los galos y samnitas perdieron 25.000 muertos, incluyendo al propio Gelio Estacio, y se hicieron 8.000 prisioneros por parte de los romanos.
Encontrado el cuerpo del cónsul fallecido, Publio Decio Mus, las exequias se llevaron a cabo con todos los honores y en el elogio fúnebre sonaron las merecidas alabanzas por sus méritos contraídos con Roma.
El propretor, Cneo Fulvio Máximo Centumalo, en el momento en que se produjeron los sucesos narrados, llevó la destrucción a lo largo y a lo ancho de los campos etruscos, realizando una brillante acción militar contra fuerzas de la ciudad de Perugia (antigua Perusia) y Chiusi (Clusium).
El cónsul, Quinto Fabio Máximo Ruliano, dejó al ejército de su colega fallecido, Publio Decio Mus, guarneciendo Etruria y condujo de vuelta a Roma a sus propias legiones, para disfrutar un triunfo sobre los galos, los etruscos y los samnitas.
Pese a las derrotas sufridas, ni los etruscos ni los samnitas se quedaron quietos.
El pretor, Apio Claudio Caego, el ciego, fue enviado contra estos con el antiguo ejército de Publio Decio Mus, mientras que Quinto Fabio Máximo Ruliano penetró en Etruria, dio muerte a cuatro mil quinientos perusinos y tomó mil setecientos cuarenta prisioneros, que fueron rescatados a trescientos diez ases por cabeza y el resto del botín fue entregado a los soldados. Durante ese período, los samnitas, luchando a veces solos, a veces en conjunción con otras naciones, fueron derrotados por cuatro ejércitos romanos y por cuatro generales romanos en cuatro ocasiones: en Sentino, entre los pelignos, en Tiferno, y en la llanura estelate.
294 antes de Cristo o 459 ab urbe condita.
Son nombrados cónsules Marco Atilio Régulo y Lucio Postumio Megelo, por 2ª vez.
Son nombrados censores Cayo Marcio Rútilo Censorio y Publio Cornelio Coso Arvina.
Hechos destacados del año:
Los cónsules fueron destinados al Samnio, porque circularon noticias de que tres ejércitos enemigos de los cuales uno esperaba en la Etruria, otro iba a devastar la Campania y el tercero defendía las fronteras samnitas.
Como Lucio Postumio Megelo estaba enfermo, su colega Marco Atilio Régulo partió de inmediato de Roma con la intención de bloquear las expediciones enemigas.
El cónsul, Marco Atilio Régulo, halló al enemigo y colocó su campamento frente al samnita.
Estos acontecimientos llegaron a Roma con cierto tono sensacionalista, lo que obligó al otro cónsul, Lucio Postumio Megelo, a marchar hacia Sora, sin estar totalmente restablecida su salud y dio una orden general para que sus hombres se reuniesen allí.
Al reunirse con su ejército partió desde Sora al campamento de su colega.
Los samnitas no pudieron ofrecer una resistencia eficaz ante los dos ejércitos consulares romanos y optaron por retirarse.
Los cónsules se trasladaron de Sora, entonces, y tomaron direcciones distintas para arrasar los campos y asaltar las ciudades de los samnitas, tales como Milionia y Feritro.
El cónsul, Marco Atilio Régulo, luego, dirigió sus tropas a la ciudad de Lucera (Luceria), sitiada por los samnitas, pero fue detenido en la frontera del territorio lucerino.
Tras un encuentro desafortunado con los samnitas, los romanos tuvieron que refugiarse en su campamento.
Rodeados por los samnitas, comenzó a pesar el desánimo entre los romanos, que estaban agotados por el combate del día anterior, que no les quedaban fuerzas ni sangre y que el enemigo parecía ser más fuerte que nunca.
Cuando el ejército enemigo se acercaba, y estuvo más cerca, viéndosele con más claridad, el valor del cónsul ayudó a reanimar a sus desesperados legionarios.
Todos los oficiales y soldados, tanto de infantería como de caballería, se esforzaron al máximo para restaurar el signo de la batalla.
Mientras sucedieron estas cosas en la Apulia, los samnitas intentaron contrarrestar los avances romanos con un segundo ejército, atacando la colonia de Interamna Sucasina (Teramo) sobre el Liris, situada en la vía Latina. Dejando a su ejército estacionado allí, Marco Atilio Régulo regresó a Roma para llevar a cabo las elecciones. El otro cónsul, Lucio Postumio Megelo, sin encontrar nada que pudieran hacer sus tropas entre los samnitas, las llevó a Etruria y empezó a arrasar el territorio volsinio.
Tras rechazar a un ejército de volsinios, se internó más al noroeste, en territorio de la ciudad de Rusellae, donde no solo asoló los campos sino que capturó la misma ciudad.
Por estos servicios, el cónsul, Lucio Postumio Megelo, pidió al Senado que decretase para él la celebración de un triunfo. El asunto fue llevado ante la Asamblea, y se convocó al cónsul, Lucio Postumio Megelo, para que estuviese presente.
En su discurso, aludió a los casos de los cónsules Marco Horacio Barbato y Lucio Valerio Potito, y al reciente de Cayo Marcio Rútilo Censorino, el padre del censor de aquel momento, que celebraron el triunfo, no por la autoridad del Senado, sino por una orden del pueblo.
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Roma, Historia EternaBy franzogar