Abelardo de la Espriella se presenta como un hombre de carácter y fe renovada. Afirma que tiene lo necesario para “salvar a Colombia”, que atiende “el llamado de la patria como un soldado” y que libra “una guerra espiritual” tras pasar de no creer en Dios a encontrar en Él una nueva fuerza para su vida y su proyecto político.