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Desde hace años hago The Five Minute Journal todos los días. Rigurosamente, cada mañana entre mi matcha y meditar, y cada noche antes de apagar la luz de la mesilla. El objetivo es empezar y acabar el día desde la gratitud (cosa que no puedo recomendar más), pero por las noches hay una pregunta que me encanta:
“Qué he aprendido hoy?”
Y seré yo, curiosa por la experiencia humana, pero repitiéndome esta pregunta día tras día durante años, me he dado cuenta que los días más difíciles, pesados o grises es mucho más fácil responderla.
Al final, en los días felices puedes reconfirmar lo que te hace feliz; en los intermedios puedes sacar alguna anécdota insustancial; pero los grises… los grises te devuelven información. Lo que no te gusta, lo que necesitas cambiar, lo que te cuesta transitar. Los grises te muestran los límites. Te enseñan a navegar. Hasta, si quieres, te despiertan la creatividad.
El problema es que solemos leerlos al revés. Cuando la vida se tuerce (aunque sea solo un poco) o cuando algo duele, lo primero que hacemos no es aprender, es protegernos. Nos tensamos. Nos cerramos un poco.
Nos dijeron que ante las dificultades hay que ser fuertes y, sin darnos cuenta, empezamos a asociar madurez con rigidez. Pero ser fuerte no es ser duro como una piedra, impermeable a cualquier tipo de sensación. Ser fuerte no es construir una coraza blindada ante la vida y añadirle capas con cada inconveniente, decepción o susto. Eso es solo tener miedo a que algo vuelva a doler.
Nos acostumbramos a construir muros que empiezan como defensa, pero acaban como distancia. Porque cuando consigues que nada de lo malo te toque, estás construyendo una barrera para que lo bueno tampoco. Y esa rigidez que nos protege del dolor también nos anestesia de la vida.
Ser fuerte no es tener más capas, es necesitar menos. Es darte cuenta de que detrás de cada defensa hay una versión tuya que solo quiere sentirse segura. Y que la seguridad no viene de endurecerte, sino de conocerte. La fuerza real no es tensarte ante la vida, sino confiar en que puedes sostenerla sin armarte y aprender a ablandarte y relajarte dentro de ella.
Ser fuerte es soltar la tensión con la que llevas años protegiéndote. Dejar que entre aire entre tus capas. Es estar tan en paz contigo que ya no hace falta esconderte de la vida. Solo vivirla.
Porque la vida no se trata de evitar las tormentas, sino de aprender a mojarte sin desbordarte. Y cuando lo haces, descubres que los truenos no asustan tanto, que la lluvia limpia, y que nada (de verdad nada) pasa sin razón. Que lo incómodo no siempre viene a hacerte daño: a veces solo viene a enseñarte algo.
Ser fuerte es ser más suave. Porque sentirlo todo, sin colapsar, requiere mucho más valor que vivir acorazado. La suavidad no es fragilidad, es presencia segura sin defensa.
La madurez no está en tener menos emociones, sino dejar de luchar contra sentirlas. Porque lo que bloqueas, se queda. Y lo que sientes, se libera.
Y cuando dejas que las experiencias de la vida te suavicen, en vez de endurecerte, empiezas a sentir lo bueno mucho más también. La vida deja de pasar por fuera y empieza a pasarte por dentro. Vuelves a emocionarte. A inspirarte. A aprender sin miedo y en toda su profundidad.
Hacerte fuerte no es convertirte en piedra. Es volverte flexible.
Es soltar la necesidad de controlar lo que pasa, y confiar en tu capacidad para vivirlo todo. Para absorber lo bueno, amortiguar lo difícil y entender que cada cosa que pasa es un aprendizaje para expandirte.
La meditación de esta semana está pensada para ayudarte a aflojar esa armadura que todos nos ponemos en mayor o menor medida. A dejar de vivir en modo defensa y empezar a vivir en modo experiencia. A confiar en que no necesitas cerrarte para estar a salvo. Solo respirar y dejar que la vida te atraviese con su verdadera intensidad.
Un ejercicio
Te propongo, después de la meditación, hacer journaling con estas preguntas:
* Qué experiencias en mi vida me han creado la coraza más grande?
* Si en lugar de protegerme de ellas, intentara escuchar lo que vinieron a enseñarme, qué descubriría?
* Si la suavidad fuera mi nueva forma de fuerza, cómo cambiaría mi manera de estar en el mundo? Cómo se sentiría en mi cuerpo?
* Qué cosas buenas podrían llegar a mí (con más intensidad) si dejara de esconderme detrás de mis capas y me permitiera vivir de verdad?
Una recomendación
Esta semana te recomiendo probar las Morning Pages. Es una práctica del libro de Julia Cameron, The Artist’s Way, que me encanta. La idea es, durante una semana, escribir todos los días tres páginas a mano de lo que tengas dentro o lo que surja en el momento. Sin guión, sin sobrepensar, sin juzgar, sin intentar que tenga sentido. Y nada más escritas, las tiras. Nadie lo va a leer, así que tienes libertad absoluta para escribir barbaridades si hace falta.
Parece muchísimo 3 hojas cada día, pero sin darte cuenta las acabas llenando. Lo que sale a veces son ideas, otras quejas, listas, recuerdos, emociones atascadas, momentos drama queen… y ahí está la magia. Porque en cuanto lo escribes, dejas de cargarlo tanto. Las Morning Pages te ayudan a vaciar el ruido mental, a soltar tensión y a ablandar las armaduras. A abrir espacio entre tus capas para que vuelva a correr el aire, la claridad y la calma.
Muy feliz semana🤎
Chus
By ChusDesde hace años hago The Five Minute Journal todos los días. Rigurosamente, cada mañana entre mi matcha y meditar, y cada noche antes de apagar la luz de la mesilla. El objetivo es empezar y acabar el día desde la gratitud (cosa que no puedo recomendar más), pero por las noches hay una pregunta que me encanta:
“Qué he aprendido hoy?”
Y seré yo, curiosa por la experiencia humana, pero repitiéndome esta pregunta día tras día durante años, me he dado cuenta que los días más difíciles, pesados o grises es mucho más fácil responderla.
Al final, en los días felices puedes reconfirmar lo que te hace feliz; en los intermedios puedes sacar alguna anécdota insustancial; pero los grises… los grises te devuelven información. Lo que no te gusta, lo que necesitas cambiar, lo que te cuesta transitar. Los grises te muestran los límites. Te enseñan a navegar. Hasta, si quieres, te despiertan la creatividad.
El problema es que solemos leerlos al revés. Cuando la vida se tuerce (aunque sea solo un poco) o cuando algo duele, lo primero que hacemos no es aprender, es protegernos. Nos tensamos. Nos cerramos un poco.
Nos dijeron que ante las dificultades hay que ser fuertes y, sin darnos cuenta, empezamos a asociar madurez con rigidez. Pero ser fuerte no es ser duro como una piedra, impermeable a cualquier tipo de sensación. Ser fuerte no es construir una coraza blindada ante la vida y añadirle capas con cada inconveniente, decepción o susto. Eso es solo tener miedo a que algo vuelva a doler.
Nos acostumbramos a construir muros que empiezan como defensa, pero acaban como distancia. Porque cuando consigues que nada de lo malo te toque, estás construyendo una barrera para que lo bueno tampoco. Y esa rigidez que nos protege del dolor también nos anestesia de la vida.
Ser fuerte no es tener más capas, es necesitar menos. Es darte cuenta de que detrás de cada defensa hay una versión tuya que solo quiere sentirse segura. Y que la seguridad no viene de endurecerte, sino de conocerte. La fuerza real no es tensarte ante la vida, sino confiar en que puedes sostenerla sin armarte y aprender a ablandarte y relajarte dentro de ella.
Ser fuerte es soltar la tensión con la que llevas años protegiéndote. Dejar que entre aire entre tus capas. Es estar tan en paz contigo que ya no hace falta esconderte de la vida. Solo vivirla.
Porque la vida no se trata de evitar las tormentas, sino de aprender a mojarte sin desbordarte. Y cuando lo haces, descubres que los truenos no asustan tanto, que la lluvia limpia, y que nada (de verdad nada) pasa sin razón. Que lo incómodo no siempre viene a hacerte daño: a veces solo viene a enseñarte algo.
Ser fuerte es ser más suave. Porque sentirlo todo, sin colapsar, requiere mucho más valor que vivir acorazado. La suavidad no es fragilidad, es presencia segura sin defensa.
La madurez no está en tener menos emociones, sino dejar de luchar contra sentirlas. Porque lo que bloqueas, se queda. Y lo que sientes, se libera.
Y cuando dejas que las experiencias de la vida te suavicen, en vez de endurecerte, empiezas a sentir lo bueno mucho más también. La vida deja de pasar por fuera y empieza a pasarte por dentro. Vuelves a emocionarte. A inspirarte. A aprender sin miedo y en toda su profundidad.
Hacerte fuerte no es convertirte en piedra. Es volverte flexible.
Es soltar la necesidad de controlar lo que pasa, y confiar en tu capacidad para vivirlo todo. Para absorber lo bueno, amortiguar lo difícil y entender que cada cosa que pasa es un aprendizaje para expandirte.
La meditación de esta semana está pensada para ayudarte a aflojar esa armadura que todos nos ponemos en mayor o menor medida. A dejar de vivir en modo defensa y empezar a vivir en modo experiencia. A confiar en que no necesitas cerrarte para estar a salvo. Solo respirar y dejar que la vida te atraviese con su verdadera intensidad.
Un ejercicio
Te propongo, después de la meditación, hacer journaling con estas preguntas:
* Qué experiencias en mi vida me han creado la coraza más grande?
* Si en lugar de protegerme de ellas, intentara escuchar lo que vinieron a enseñarme, qué descubriría?
* Si la suavidad fuera mi nueva forma de fuerza, cómo cambiaría mi manera de estar en el mundo? Cómo se sentiría en mi cuerpo?
* Qué cosas buenas podrían llegar a mí (con más intensidad) si dejara de esconderme detrás de mis capas y me permitiera vivir de verdad?
Una recomendación
Esta semana te recomiendo probar las Morning Pages. Es una práctica del libro de Julia Cameron, The Artist’s Way, que me encanta. La idea es, durante una semana, escribir todos los días tres páginas a mano de lo que tengas dentro o lo que surja en el momento. Sin guión, sin sobrepensar, sin juzgar, sin intentar que tenga sentido. Y nada más escritas, las tiras. Nadie lo va a leer, así que tienes libertad absoluta para escribir barbaridades si hace falta.
Parece muchísimo 3 hojas cada día, pero sin darte cuenta las acabas llenando. Lo que sale a veces son ideas, otras quejas, listas, recuerdos, emociones atascadas, momentos drama queen… y ahí está la magia. Porque en cuanto lo escribes, dejas de cargarlo tanto. Las Morning Pages te ayudan a vaciar el ruido mental, a soltar tensión y a ablandar las armaduras. A abrir espacio entre tus capas para que vuelva a correr el aire, la claridad y la calma.
Muy feliz semana🤎
Chus