Salmo 145:14-17 (La Palabra)
El Señor sostiene a cuantos flaquean, levanta a los abatidos.
Todos te miran con esperanza y tú les das la comida a su tiempo.
Abres generosamente tu mano y sacias a todo ser viviente.
El Señor es justo en todos sus actos, actúa con amor en todas sus obras.
PENSAR: La teología bíblica es muy diferente a las mitologías paganas. En las descripciones de los dioses de todos los pueblos, no hay nada parecido a lo que se celebra en la tradición hebraica, y que aparece tan claramente en salmos como el 145.
El Dios vivo y verdadero, el que hizo los cielos y la tierra, y que ha formado al ser humano a partir del polvo y del soplo de su aliento de vida, es un Dios que sostiene a quienes flaquean. Los dioses de las otras naciones, los de las mitologías, no se interesan por los abatidos, ni por los débiles, ni por quienes flaquean.
El Dios de la Biblia ha demostrado su interés por los abatidos, porque sacó a los esclavos hebreos de Egipto. Esto puso en primer plano la intención especial de Dios, de bendecir a todo el mundo, comenzando por los más débiles, levantando a los que han caído.
Esto quiere decir que no necesitamos ser perfectos, sanos, fuertes y seguros para que Dios nos ame. En nuestra debilidad se manifiesta el poder infinito de Dios, por su inmensa gracia.
Es Dios de vida, porque no destruye, sino sustenta a todo ser viviente. No sólo a los seres vivientes que nos simpatizan a los humanos, sino a todos. Y no sólo a los que sirven a nuestros intereses, sino a todos. Dios sustenta la vida en todas sus formas, en toda su enorme variedad y diversidad. Es la generosidad de Dios la que alimenta a todo ser viviente, porque todos los seres vivientes se necesitan mutuamente, y el destino de una especie en lo individual está ligado al de todas las especies del ecosistema. Todo el ecosistema es sostenido por la mano abierta de Dios.
En esto consiste su justicia, que no es venganza, sino dignificación y restitución de todo lo caído. Todas sus obras están hechas con amor, que no es sentimentalismo, sino compromiso de ayudar y levantar al caído. Por eso justicia y amor van juntos en este salmo. En Dios no hay justicia sin amor, ni amor sin justicia. Para nosotros como seres humanos, es prácticamente imposible juntar en una sola idea el amor y la justicia. Todo lo separamos. No es fácil para nosotros encontrar la relación que hay entre un acto de justicia y un acto de amor.
Pero es porque no entendemos la justicia del Dios de la Biblia, que es fortalecer al débil, dar agua a la planta abatida, levantar al caído, restituir la dignidad a quien la había perdido, devolverle su amor propio a quien pensaba que se había convertido en basura humana, romper las cadenas que tienen oprimida a la persona en esclavitud, ser la voz de los que no tienen voz, y estar al lado de quien nadie quiere tocar. Estos actos de justicia son al mismo tiempo actos de amor. Pero no es un amor sólo de sentimientos. Es amor comprometido, que motiva y dirige la acción transformadora.
ORAR: Te exaltaremos, Dios y rey, y bendeciremos tu nombre. Eternamente, para siempre. Amén.
IR: ¡Qué afortunado es el pueblo que confía en Dios!