er abuelos es como volver a ser padres, me dicen algunos privilegiados. Entre sus manos arrugadas, la mirada perdida algunas veces y esa nieve que asoma con los años, habita la experiencia que transforma, la palabra que calma, el consejo que siempre tiene tiempo…
Los abuelos cargan sobre sus hombros lecciones imperecederas, la intervención oportuna en conflictos familiares, suculentas historias… Con ellos descubrimos mejor quiénes somos y nos reinventamos, incluso, cuando se frunce su entrecejo tras alguna de nuestras andadas.
Un abuelo es un sabio al alcance de todos. Es la merienda sin pedirla, la sorpresa un día cualquiera, el enigma que se pierde entre ojos y palabras únicas.
Para un abuelo no hay imposibles o –al menos- lo parece. Puede ser mago, juglar, cuenta cuentos, sabelotodo… Y terminas por creer cada historia con la mayor naturalidad del mundo. Allí, en el remanso de su rostro, sabes que encontrarás paz, alegría y una especie de llave a todas las respuestas.