La Iglesia de Macedonia, estaba en tribulación; pero estaba llena de gozo. Las tribulaciones traen angustia, traen tristeza, aflicción profunda en el alma; pero el gozo del Señor todopoderoso, es nuestra fortaleza. Aun en la enfermedad y en la profunda pobreza, el cristiano tiene el gran gozo de ofrendar para Dios; aun más allá de sus fuerzas: abundando en riqueza de generosidad.