Los verdaderos hijos e hijas de Dios, son los que se arrepienten con sinceridad de sus pecados y se quebrantan en la presencia de Dios. Ellos, que han tenido un encuentro genuino con Dios, son transformados por la Palabra de Dios. A través del ayuno y la oración, entran al Lugar Santísimo. Dios ama, conoce y protege a los que son sinceros y que andan firmes por el camino estrecho.