Multipremiado por su trayectoria, extrañado por sus seguidores ante tanto tiempo fuera de los sets, Adolfo Aristarain se aferra a una de sus predilecciones: leer y escribir, porque la literatura lo signó desde chico, lo acompañó durante su adolescencia, junto con los cómics y el séptimo arte. Después, su rigor en el aprendizaje del oficio, sus años formativos en Europa, su instinto y la cultura del trabajo lo proyectaron como un cineasta de obras de gran calidad, de esas que no se borran con el tiempo como, por ejemplo y entre tantos otros films, “Un lugar en el mundo”.