A finales del siglo XVII, franceses e ingleses habían tomado la delantera a los españoles en la colonización de Norteamérica. Los franceses habían establecido su centro en Quebec, al norte del continente, y ocupaban los territorios circundantes, mientras que los británicos habían formado varias colonias independientes unas de otras desde el norte de Florida hasta la bahía de Massachussets -expulsando a los holandeses de la renombrada como colonia de Nueva York-. La inmensa mayoría del continente permanecía sin colonizar e, incluso, prácticamente inexplorado. Sin embargo, no tardaron en producirse choques entre ambas potencias. Algunos ya se habían dado.