Todo creyente debe estar lleno del Espíritu Santo. El Señor sigue bautizando con Espíritu Santo y fuego, lo que es importantísimo y gratuito: sólo hay que adorar y alabar a Dios. La Palabra de Dios dice que cuando los creyentes se reúnen por coincidencia o por acuerdo, deben hacer todo en permanente gratitud a Dios: leer los salmos, entonar cánticos e himnos, diezmar y ofrendar.