40 días

Allí en Él


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Volvió el mar en seco;

Por el río pasaron a pie;
Allí en él nos alegramos.
-Salmos 66:6

Cómo negar la maravillosa realidad de los milagros de Dios por Su pueblo. Cómo no cantar y adorar Su carácter, Sus obras y Su poder. Este salmo está lleno de un cantar contagioso, una exuberancia en la adoración alegre del salmista hacia Dios. Aquí se promete que toda la tierra adorará a Dios (v. 4).

Hemos atomizado la experiencia religiosa

La historia de la salvación de Dios tiene en cuenta a un pueblo de Dios. Es un reino en común, una comunidad de fe, una familia.Un pueblo del pacto. Una identidad y destino. ¿Cuánto de tu devoción, experiencia y lecturas diarias de la Palabra lo ves solo en relación a ti como individuo y no en relación a todo el pueblo de Dios? Si bien es cierto que Dios quiere transformarte, no lo hará fuera de un contexto particular: tu familia, tu iglesia, tu comunidad, tu trabajo, tu país. De una gran manera, la Biblia es la autobiografía de Dios, pero también es la historia del pueblo de Dios. Cuánto hemos sufrido por hacer de la experiencia personal nuestra regla de fe y conducta cuando tenemos un amplio testimonio del pueblo de Dios en todos los siglos, que son una nube grande de testigos (Heb. 12:1). La historia de Dios es también la historia de Dios y Su pueblo.

Nuestro Dios es quién nos hace pasar por el mar en seco

Mira como escribe David celebrando en este salmo: “Volvió el mar en seco” (v. 6). El Dios de todo poder es quien secó milagrosamente el mar Rojo para que pudiera dar al mismo tiempo salvación al pueblo de Dios y juicio a los incrédulos. Como nos narra el libro de Éxodo: “Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas” (Éxo. 14:21).

Nuestro Dios es el que nos hace pasar por el río a pie

Como si fuera poco, en la próxima generación hizo pasar al pueblo con Josué por el río Jordan, prácticamente haciendo eco de Su hazaña y Su gloria: “Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco” (Jos. 3:17).

Nuestro Dios es el que nos prueba como a plata

El mismo que nos creó y nos salva en Jesús es el mismo que nos hace pasar por el fuego, por el agua, y nos saca a abundancia de vida (v. 12). Él permite nuestras aflicciones para Su propia gloria. Y como buen herrero pasa el metal por fuego para darle pureza, consistencia, fortaleza y forma. “Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata” (v. 10). ¿Pero cuántas de estas imágenes son parte de la historia del pueblo de Dios y cuánto para el pueblo de Dios hoy?

Allí en Él nos alegramos

Algo en común que tienen ambas historias es el sentido de memoria y de celebración que produjo Dios en estos actos milagrosos de salvación. Tan pronto el pueblo pasó el mar Rojo, estalló en adoración dándole gloria a Dios por una salvación tan grande. Al pasar los sacerdotes por el río, conmemoraron este milagro de Dios con 12 piedras tomadas del río Jordan como un monumento permanente de la fidelidad del Dios que hace camino en el desierto. ¿Tenemos el mismo Dios? Ciertamente. ¿Somos un solo pueblo? Definitivamente, Pablo nos dice en el libro de Efesios que debemos ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efe. 4:3-6).  

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40 díasBy Ricardo Morales-Hernández