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Viendo tan cerca la guerra nuclear, vuelve a la actualidad sin esfuerzo el hecho que el ser humano tiende a su autodestrucción. Parece incomprensible ver cómo una especie que ha avanzado tanto en la ciencia, como haber descubierto las fuerzas de la naturaleza, vencido a una pandemia en tiempo tan corto, y haberse impuesto a cualquier animal que lo amenazaba, tanto en considerarse como el único amo de la tierra, con todo está a un paso de su aniquilación. La realidad nos muestra que somos la única especie destructora de sí misma. Con el ánimo de buscar explicación a ello no preguntamos ¿Por qué el odio nos acompaña y no el amor? ¿Es asunto de sobrevivencia que la evolución nos impulsa a esa agresividad? ¿La razón no basta para detenerla? ¿Se podría decir que por nuestras venas corre la esencia cainita?
By Agustin ZuñigaViendo tan cerca la guerra nuclear, vuelve a la actualidad sin esfuerzo el hecho que el ser humano tiende a su autodestrucción. Parece incomprensible ver cómo una especie que ha avanzado tanto en la ciencia, como haber descubierto las fuerzas de la naturaleza, vencido a una pandemia en tiempo tan corto, y haberse impuesto a cualquier animal que lo amenazaba, tanto en considerarse como el único amo de la tierra, con todo está a un paso de su aniquilación. La realidad nos muestra que somos la única especie destructora de sí misma. Con el ánimo de buscar explicación a ello no preguntamos ¿Por qué el odio nos acompaña y no el amor? ¿Es asunto de sobrevivencia que la evolución nos impulsa a esa agresividad? ¿La razón no basta para detenerla? ¿Se podría decir que por nuestras venas corre la esencia cainita?