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Mientras la ciudad duerme, hay un oficio que nunca descansa cuando apagamos la luz, cuando termina la fiesta y el silencio ocupa las calles, ellos empiezan su jornada, amasan, hornean, esperan el punto exacto del pan. Una vida marcada por la noche por el sacrificio y por unos horarios que durante décadas no entendieron de domingos ni de celebraciones. Hoy queremos detenernos en esa profesión antigua y esencial, la de los panaderos, hombres y mujeres que han alimentado generaciones enteras desde el anonimato del Obrador, con las manos llenas de harina y el cuerpo acostumbrado al cansancio.
By Consejo General de Hermandades y Cofradías de HerreraMientras la ciudad duerme, hay un oficio que nunca descansa cuando apagamos la luz, cuando termina la fiesta y el silencio ocupa las calles, ellos empiezan su jornada, amasan, hornean, esperan el punto exacto del pan. Una vida marcada por la noche por el sacrificio y por unos horarios que durante décadas no entendieron de domingos ni de celebraciones. Hoy queremos detenernos en esa profesión antigua y esencial, la de los panaderos, hombres y mujeres que han alimentado generaciones enteras desde el anonimato del Obrador, con las manos llenas de harina y el cuerpo acostumbrado al cansancio.