Se cumplieron 27 años del atentado a la AMIA y sigue sin hacerse justicia. Alrededor del hecho sí que pasó mucho. Un perejil fue preso. Un juez condenado. Un fiscal que se la pasó dilapidando plata del Estado para concluir con una denuncia descabellada que lo terminó "suicidando" porque no tenía una sola prueba. De su muerte se beneficiaron políticamente los de siempre. Y Cristina desarticuló una causa absurda con otro alegato magnífico.