Jesús ha sido muerto. Acusado injustamente. ¿Quién querría identificarse con Él? ¿Quién querría permanecer a su lado? Es un momento peligroso y de mucha incertidumbre. Las autoridades han descargado un odio extremo sobre Jesús, y reconocerse como uno de sus discípulos puede exponerlos al odio también. También hay temor y desesperanza. El Maestro los ha dejado. Él que con sus gestos y palabras había hecho renacer la esperanza y la fe en el Dios de Israel ya no está.