Si me preguntan por quién doblan las campanas diría, como John Donne, “doblan por ti”, pero hablándole al amor. Amor que llega como una crisálida a transformar realidades e interiores; que levita, sacude, perdona y enajena.
Por amor nos alejamos de la brutalidad del hombre cromañón; ignoramos impulsos primarios para cuidar a otra persona; sacamos tiempo donde no lo hay y hacemos de la vida un tamiz, si es necesario, para tener cerca a nuestros seres queridos y ser, además, nuestra mejor versión. Por amor sostenemos el pulgar que nos cambiará la vida, justo en el momento en que unas manitos pequeñas sostienen tu universo por primera vez.