En los momentos de dolor o sufrimiento corramos a los brazos de nuestro Padre celestial, su amor eterno e inagotable puede calmar nuestro dolor (Jeremías 31:3)
En los momentos de dolor o sufrimiento corramos a los brazos de nuestro Padre celestial, su amor eterno e inagotable puede calmar nuestro dolor (Jeremías 31:3)