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Rompieron el tablado con el eco de sus tacones y palmas, en un vuelco y revés de guitarra. El Dios Flamenco se despertó atento a los sonidos nacidos de la entraña milenaria, un conjuro, un exorcismo, con su magia negra llena de guirnaldas quedo estremecido y sigo mi cante desde lo más hondo, a lo más hermoso.
Muerto en tu estruendo y palpitando renazco a cada palo, así me traes perdido entre tus ojos lumínicos y danzo contigo hacia las constelaciones mientras la vibrante andaluza taladra con sus tacones mi sensibilidad al extasío y por el golpe continuo vuelo en el sonido.
By Edgardo MonteroRompieron el tablado con el eco de sus tacones y palmas, en un vuelco y revés de guitarra. El Dios Flamenco se despertó atento a los sonidos nacidos de la entraña milenaria, un conjuro, un exorcismo, con su magia negra llena de guirnaldas quedo estremecido y sigo mi cante desde lo más hondo, a lo más hermoso.
Muerto en tu estruendo y palpitando renazco a cada palo, así me traes perdido entre tus ojos lumínicos y danzo contigo hacia las constelaciones mientras la vibrante andaluza taladra con sus tacones mi sensibilidad al extasío y por el golpe continuo vuelo en el sonido.