Voz: Manuel López Castilleja
Música: Beethoven_Moonlight Sonata
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El pequeño Arístides acaba de levantarse. Avanza por el pasillo.
Las sombras de la casa le tienden emboscadas. Pero esta vez nada va a detenerlo. No esta noche. El pequeño Arístides tiene una misión. Hace unos instantes, boca arriba en su cama, con los ojos muy abiertos, ha oído ruidos sospechosos. Ruidos de pasos, de murmullos, de cajas. Resoplidos profundos, de camello.
Irrumpe en la sala con los pies descalzos y el pulso galopante. Ha entrado de golpe, sin pensarlo, para no arrepentirse a medio camino. Pero en la sala no hay nadie. Solo el árbol enredado entre lianas de luces. El árbol con las ramas ligeramente temblorosas, como si una ráfaga de viento acabara de sacudirlas. Al pie del tronco, frutos caídos, destellan los paquetes.
Antes de abalanzarse sobre ellos, el pequeño Arístides se detiene a medir su estatura frente al árbol navideño. Acerca la nariz a la punta de una rama, se toca la coronilla con la palma de una mano.
El año anterior, por esas mismas fechas, su cabeza alcanzaba una rama más baja.
El pequeño Arístides se lanza al suelo y remueve paquetes. Hay varios con su nombre, pero él busca uno y solo ese. No le cuesta reconocerlo. Es un paquete grande y alargado. Respira hondo, mira hacia el pasillo. En las habitaciones del fondo tintinea el silencio. El pequeño Arístides desgarra ansiosamente el
envoltorio, como un depredador que despelleja su presa. La caja le resulta más liviana de lo previsto. Enseguida comprueba que no se ha equivocado. Es eso, eso, eso.
Sostiene el regalo que tanto había deseado. Lo eleva ante sus ojos. Es exacto, el mismo. Al fin lo tiene. El pequeño Arístides intenta que le venga alguna lágrima. Que se le erice la pelusa de la nuca. Que le entre un cosquilleo en el estómago. Que se le haga un nudo en la garganta, algo. Pero más bien le parece que no
siente nada. Nada, salvo un cierto peso entre los brazos.
Piensa confusamente. Devuelve la caja al suelo. Trata de reconstruir el envoltorio. Y con el perfil iluminado, de rojo a verde, de verde a rojo, el pequeño Arístides obtiene la primera gran conclusión de su vida.
Tomado del libro Andrés Neuman Hacerse el muerto. México, Páginas
de espuma, 201. Una variante de este cuento se encuentra publicado
en: http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9083964