El ofidio, en su maldad, avanza y avanza; Beibi, propulsora de Ansia Térmica, en su osadía, desafía al dios del mar. Y los ascéticos termooyentes, al otro lao del transistor, asiéndose desesperadamente al asiento en espera de que cese la tempestad y Beibi decida encauzarse. ¡Ay, Señor!