La ansiedad y la depresión no avisan. No llaman, no te ponen un mensaje ni sabes cuándo llegarán. Puedes pensar que eres fuerte, que a ti eso no te pasa, que tú aguantas. Pero llegan un día que estás relajada, después de meses de tensión, de muchas lágrimas contenidas y muchos «estoy bien» que no eran verdad.