La desgracia de los demás no debe ser nunca motivo de alivio, pero sí podemos aprovechar la experiencia de otros para mejorar nuestra gestión de la pandemia. Y en el mejor de los casos mitigar el impacto de una eventual segunda ola.
La desgracia de los demás no debe ser nunca motivo de alivio, pero sí podemos aprovechar la experiencia de otros para mejorar nuestra gestión de la pandemia. Y en el mejor de los casos mitigar el impacto de una eventual segunda ola.