El triunfo electoral de Bukele y el curso que ha impreso al poder ejecutivo no solo tienen en jaque a los partidos tradicionales, sino también a los analistas, que no encuentran explicación convincente del fenómeno. El poder ejecutivo no se atiene a las formalidades institucionales ni parece tener mucho aprecio por los principios clásicos de la democracia. Simultáneamente, la solución autoritaria de corte militarista es cada vez más seductora. Si bien el rechazo de la política convencional es evidente, excepto para los partidos y sus dirigencias, aún no se vislumbra en el horizonte una práctica que la sustituya.