El diablo arrastra a la humanidad al pecado y a su destrucción; perjudicando a los demás. En su vida y sus banquetes hay música satánica, alcohol, vanidad, prostitución, inmoralidad, injusticia, iniquidad; son un flagelo: destrucción para ellos mismos y para los demás. No debemos dejar que el diablo nos arrastre y nos burlemos de la Palabra de Dios. Dios quiere que volvamos a Él.