Las decisiones que importan huelen a sacrificio, a lágrimas y a baile torpe. Pero la bendición no llega por aplausos humanos. Llega por pasión divina. Tú que estás a punto de: dejar un sueño por miedo al fracaso, aceptar migajas de amor para no quedarte solo, apagar tu fuego en el ministerio porque “se van a burlar” Detente. Hoy puedes decidir sabiamente: no una decisión perfecta, sino una decisión con FUEGO. Una decisión donde tu amor por Dios sea más grande que tu necesidad de encaja