Por lo dicho anteriormente, la micropolítica se constituye en una estrategia de resistencia al poder, no necesariamente pensada en términos violentos. Se piensa en lo local y en la vida cotidiana, no como contraposición de la vida política en el sentido más amplio del término, sino que se lucha en lo micro, porque es allí donde más se reproducen las formas fascistas del capitalismo (que no es otra cosa que la deformación del deseo, expresado en la sed de consumo y en el culto a los medios de comunicación de masas).