Por Pablo Callejón
Tac, tac, tac. Antonia cierra con fuerza los ojos, como si aún le dolieran los golpes de los bastones sobre el codo. Tac, tac, tac. Los milicos les pedían que “circularan” y ellas no se querían ir. En aquellas frías oficinas del Ministerio del Interior podrían estar las respuestas que buscaban. La madre de Ignacio se recuerda desesperada, sola, con miedo, envuelta en el espanto. “¿Vos a que venís?” preguntaban las mujeres concentradas en Plaza de Mayo. Todas perseguían la misma respuesta biológica. Tac, tac, tac en la puntita del codo. “¿A dónde vamos?”. Alguien propuso caminar en círculos, hacerlo despacio, en un intento por custodiarse unas con otras. “Empezamos a dar vueltas y vueltas para no abandonar el lugar. Ese fue el inicio de la ronda de las Madres. Doy fe porque me tocó vivirlo”, afirmó la mujer del pelo de cenizas y una piel tersa, como el papel de un cigarrillo...