El primer cuento que encontramos dentro del Bustán de Saadi de Shiraz (o el jardín de frutos) nos ofrece una perspectiva de las apariencias que podían ofrecer el trato hacia el viajero o mercante que visitaba otros países. Esta sublime anécdota anacrónica nos ofrece una visión medieval del turismo para su tiempo que se sigue dando del mismo modo.