En esta meditación aprendemos a utilizar la respiración como un lugar seguro al que volver. No se trata de controlar la mente, sino de reconocer cuándo nos hemos distraído y regresar con amabilidad.
La práctica consiste en volver una y otra vez a la respiración, permitiendo que la atención se estabilice de forma natural. Cada regreso fortalece la presencia y reduce la reactividad.
Una invitación a quedarnos, a no huir de la experiencia y a descubrir que siempre hay un refugio disponible en el momento presente.