En este capítulo se entrena de forma directa la estabilidad de la atención. La práctica se centra en elegir un soporte claro —la respiración— y aprender a permanecer ahí sin rigidez, volviendo una y otra vez cuando la mente se dispersa.
El objetivo no es evitar distracciones, sino no abandonar el soporte cuando aparecen. Cada regreso fortalece la continuidad de la atención y desarrolla una estabilidad que no depende de que la experiencia sea tranquila.
Este capítulo enseña una cualidad esencial de la calma mental: permanecer con suavidad. Ni forzar, ni dejarse llevar. Aprender a sostener la presencia en medio del movimiento de la mente.
Es una práctica fundamental para cultivar claridad, firmeza y confianza, y para desarrollar una relación más estable y equilibrada con la propia experiencia.