El gran viento que proyectó el abanico de la diabla, arrastró al Rey Mono decenas de miles de kilómetros. El peregrino visitó al Bodhisattva Ling Ji quien le ofreció un elixir para detener el viento. Al regresar a la caverna de la diabla, convertido en un grillo diminuto, el Rey Mono entró en el vientre de ella.