Ya en el templo del trueno, en el corazón de la Montaña del Espíritu, Buda regresó al trono de loto. Un milenio después explicó a sus seguidores que necesitó a alguien con suficiente peso moral para que encontrara a un creyente auténtico, al que pediría el tremendo sacrificio de trasponer las mil montañas y de vadear los mil ríos para recoger las escrituras. Apareció la Bodhisattva Guan-yin.