El monje Tripitaka logró dominar a Wukong con el conjuro que le había enseñado la Bodhisattva. Cuando los dos llegaron a la orilla de una corriente de agua, apareció un dragón que devoró al caballo del monje. Después de un atroz combate con la bestia, el Rey Mono fue a buscar a la Bodhisattva para que le ayudara.