En este episodio, el diario se mueve entre lo cotidiano y lo esencial. Una cena que preparar, una amiga que llega, gatos que regresan y otros que siguen sin aparecer… y, en medio de todo, una llamada pendiente a un padre al que a veces cuesta decirle cuánto se le quiere.
Mientras la colonia sigue latiendo con sus ausencias y regresos, el capítulo se abre a una reflexión sobre la familia, la pérdida y esas heridas que no siempre se ven, pero que moldean la forma en que miramos el mundo. Padres que están, padres que faltan, silencios que pesan y afectos que sostienen más de lo que imaginamos.
Un episodio sencillo y profundo a la vez.
Sobre cuidar, agradecer y aprender a valorar lo que aún tenemos antes de que sea tarde.