Engañada por el aspecto del Rey Mono, la diabla le dio el abanico y el conjuro para hacerlo funcionar. El Rey Toro, tras terminar el banquete, se dirigió a la caverna de su esposa anterior sabiendo que debía estar allí el Rey Mono.
Engañada por el aspecto del Rey Mono, la diabla le dio el abanico y el conjuro para hacerlo funcionar. El Rey Toro, tras terminar el banquete, se dirigió a la caverna de su esposa anterior sabiendo que debía estar allí el Rey Mono.