Uno a veces se mira al espejo y se pregunta por qué se identifica con el villano y jalea las andanzas de traficantes, ladrones y asesinos. En la ficción, claro. Estoy leyendo El Sombrero del Malo de Klosterman y las preguntas se abren cual capullos en flor a mi alrededor. Todo ello justifica la temática del programa, canciones sobre asesinos y asesinatos, murder ballads, serial killers y demás morralla terrible. Nos ponemos en la piel del asesino.