Dios es sabio y conoce las intenciones de los corazones y todopoderoso, que transforma la vida de los creyentes. Dios está en todas partes; es omnipresente y no necesita ser representado. Cuando Cristo vive dentro del ser humano, ya no peca más. Ahora, como hijo de Dios, sólo hace lo bueno; porque Cristo, quien ha cambiado su vida, habita en su corazón: se resiste a hacer lo malo.