Nuestra Fe debe estar firme en la esperanza del Santo Evangelio: creyendo que un día seremos resucitados, que entraremos al Paraíso, que entraremos a la Santa Ciudad, que los muertos en Cristo resucitarán y que los que están vivos serán transformados. Las aflicciones, fortalecen en la Fe a los Siervos de Dios y a la Iglesia. Cada creyente responderá a Dios, de todas sus acciones.