Pablo fue arrebatado hasta el Tercer Cielo espiritualmente, hasta el Paraíso; donde tuvo una experiencia personal con Dios: se encontró con Jesucristo y sabía que Él era el Hijo de Dios. Pablo trabajaba por la perfección espiritual de los creyentes, proyectándose hacia la Venida de Cristo. En esta Carta, Pablo expresa con claridad; acerca de su amor por los habitantes de Filipos.