El hombre de Dios, Obispo o Pastor debe ser irreprensible, como administrador de Dios: marido de una sola mujer, honesto, prudente y hospedador. Pablo le indica a Tito, que reprenda duramente a los cretenses: para que sean sanos en la fe y no se aparten de la Verdad. Muchos profesan conocer a Dios, pero no viven de acuerdo a su Palabra. Pero si se arrepienten, deben ser recibidos.