Por Pablo Callejón Periodista
Aquel 19 de marzo teníamos calambres en el alma. Horas antes, los supermercados estaban abarrotados de personas que llenaban los changuitos de papel higiénico y arroz. Nadie podía intuir lo que iba a pasar. Algunos prefirieron el atajo y escapar por la vía de la mezquindad. El presidente habló en conferencia de prensa y desde la medianoche debíamos quedarnos encerrados, aislados de nuestros viejos, de los amigos, incluso de nues...